DUELO POR LA MUERTE DE UNA MASCOTA
Cuando hablamos de mascotas, solemos referirnos a su tipo, raza, color, carácter, belleza e infinidad de otras características. No obstante, un tema que inevitablemente tendremos que tocar es el del duelo por su pérdida: para muchos seres humanos su primera experiencia real de muerte ocurre en la infancia, cuando se les muere una mascota.

Los animales realizan muchas tareas para los humanos y los lazos afectivos que se forman entre ellos pueden llegar a ser muy fuertes. Estos estrechos lazos se asocian especialmente a perros y gatos, pero de hecho, todas las mascotas, desde los caballos hasta los hámsteres, los pájaros y los peces, pueden despertar fuertes sentimientos de apego. Por eso, muchas personas se sorprenden ante la profundidad de los sentimientos que experimentan ante la muerte de su mascota. La verdad es que una mascota querida es más que una compañía, es un miembro valioso de la familia y una parte de su vida diaria.

Su afecto incondicional, su hacer y sus enseñanzas hacen que se gane su espacio en nuestra familia y en nuestros corazones. Su compañía nos permite expresar emociones y aliviar el estrés. Nuestra mascota nos enseña a:

1. Aprender a cuidar de otros.
2. Manifestar los afectos, desarrollar mejor la sensibilidad, la ternura y el cariño hacia un tercero.
3. Jugarse en un amor más profundo.
4. Educar (aprendemos a enseñar hábitos y normas a los demás y ponemos en práctica lo que nos han enseñado).
5. Entender el ciclo de la vida (especialmente en el caso de los niños, pues aprenderán que todos nacemos y moriremos alguna vez).

Las mascotas viven vidas relativamente cortas. Y para muchos de los que las amamos, su muerte puede afectarnos tanto o más que la de ciertos familiares o amigos. Sin duda, son muy pocos los que no son tocados por la muerte de un animal doméstico. Los animalitos simbolizan diferentes cosas en  cada uno de nosotros: pueden ser el niño que todavía no hemos concebido, o quizás el que todos llevamos dentro; puede reflejar al compañero o al padre ideal, siempre fiel, paciente, que nos da la bienvenida al llegar a casa y nos ama incondicionalmente. Es como un amigo y un hermano al mismo tiempo. Nos refleja a nosotros mismos, al incorporar nuestras actitudes negativas y positivas. Un mismo animal puede ser todo esto al mismo tiempo, dependiendo del día y de la persona con que trate.

Su pérdida puede dejar un enorme vacío, el cual puede ser tan grande como el que se siente con la muerte de un amigo humano o de un familiar; es una cosa para la que la mayoría de la gente no está preparada o no quiere estarlo. Se dice que San Francisco de Asís (conocido como el patrono y protector de los animales), respetaba y quería a los animales por el solo hecho de ser hijos de Dios y de venir del Creador.

En algunos países cada 4 de Octubre (Día de San Francisco de Asís) cientos de personas llevan sus perros a distintos lugares para buscar la bendición de este santo para cada una de sus mascotas.

La pérdida del compañero de andanzas es un dolor único e irrepetible, una experiencia que hay que vivir para poder entender; echamos de menos su olor, sus ladridos, sus juegos. Pocas pérdidas duelen tanto como la de la mascota: son años de complicidad, de entrega mutua y de compañerismo. Buscamos en todos los rincones de la casa, y, al no encontrarla, nos invade un vacío profundo. El dolor se agolpa en el pecho y, aunque intentamos controlarlo, las lágrimas comienzan a rodar por nuestra cara.

Es una experiencia que jamás se olvida, no solo porque a menudo desarrollamos relaciones particularmente cercanas con las mascotas, sino porque los animales pueden jugar un papel importante en nuestro desarrollo emocional, además de proveer una fuente de compañía, de afecto sin prejuicios, de seguridad y estabilidad en nuestras vidas. Así, no es extraño ver caminar por las calles a dos viejos amigos, una está con correa y el otro camina a paso lento y posiblemente ayudado por un bastón.

La pérdida de una mascota puede ser devastadora para un adulto mayor y es fácil que caiga en la absoluta tristeza. Muchos, particularmente aquellos que viven solos, establecen profundos lazos emocionales con sus mascotas y pueden experimentar un sentimiento de pérdida significativo cuando éstas mueren; para algunas parejas sin hijos, el animal puede incluso asumir el rol de un hijo.

La muerte de la mascota también puede actualizar sentimientos de dolor por viejos conflictos no resueltos en el pasado, por un cónyuge fallecido, un hijo muerto o algún otro pariente o amigo, y es un recuerdo tangible de la propia mortalidad. El apoyo y la comprensión por parte de las personas que rodean al anciano son muy importantes y algunos pueden necesitar la reafirmación de ser todavía personas valiosas para su comunidad. De igual forma, cuando se muere el animal, el niño necesita que se le consuele, ame y respalde y que se le brinde afecto, en lugar de darle complejas explicaciones médicas o científicas.

El duelo por la pérdida
Después de la muerte de una mascota, es probable que experimente un amplio espectro de emociones, desde incredulidad, dolor, rabia, culpa y ansiedad hasta, finalmente, aceptación. Es normal sentirse deprimido y hasta físicamente indispuesto los días posteriores al fallecimiento de su mascota. Los síntomas de depresión que probablemente lleguen a sentirse incluyen llanto, falta de interés en la vida, trastornos del sueño, pérdida del apetito, sentimientos de desesperación y sensación de abandono, dolores de cabeza y fatiga. Algunas personas incluso pueden llegar a experimentar algún grado de desorientación durante su duelo y no es raro para algunos el imaginar que pueden escuchar a sus mascotas haciendo ruido en la casa, o sentir su toque en sus manos o piernas.

Estas reacciones son normales y naturales; sólo permitiéndose a sí mismo el sentir dolor, podrá aceptar eventualmente la pérdida y, con tiempo, la tristeza desaparecerá.

En este difícil momento, se necesita la ayuda y el apoyo de amigos, familiares y compañeros de trabajo. Sin embargo, muy a menudo esto no se consigue tan fácilmente como pareciera, ya que muchas personas no entienden cuánto puede significar la muerte de un animal para otras personas, difícilmente pueden sentir la profunda tristeza que abarca nuestro ser o sencillamente pueden sentirse avergonzadas y no saber cómo reaccionar. Lo cierto es que el proceso de duelo por su muerte, no es diferente al que se realiza por el fallecimiento de un ser humano.

Permitirse expresar sus sentimientos libremente y discutirlos con alguien que simpatice con usted es muchas veces la mejor manera: hable con su veterinario acerca de las circunstancias de la enfermedad y muerte de su mascota y pídale que lo ponga en contacto con un grupo de autoayuda local conformado por profesionales y por gente que padece su mismo problema. Si se le dificulta asistir a un grupo de apoyo, bien sea porque prefiere llevar su duelo en privado o porque siente que nadie es capaz de entenderlo, puede resultar de ayuda el escribir sus pensamientos o expresarse a través de la poesía.

Gradualmente, usted comenzará a adaptarse a la vida sin su mascota, a aceptar su muerte y los sentimientos de tristeza, rabia y dolor. Durante este tiempo, a algunas personas les resultar difícil el recordar constantemente la ausencia de su mascota y prefieren desechar sus pertenencias o guardarlas hasta otro momento. Otras, en cambio, prefieren mantener la memoria de su mascota viva exhibiendo fotografías u otros recuerdos. Cuando sea capaz de recordar a su mascota con felicidad y afecto, sin tanta tristeza y dolor, estará en condiciones de tomar una decisión racional sobre si debe o no obtener una nueva mascota.

Vivir el dolor de la pérdida es el principio de la curación. Si uno no lo vive y evita por todos los medios el duelo, comienza un duelo enfermizo que genera en la persona una rigidez emocional que podría llevarla a no querer tener más una mascota para no volver a sentir esa tristeza.

Es muy importante recobrar su cariño a través de las innumerables anécdotas que se vivieron con él. Debemos aceptar este sentimiento de tristeza, no negarlo, y, por ende, darse espacio para llorar. También es esencial rodearse de un buen círculo afectivo, pues, como sabemos, una pena compartida y expresada es media pena. Hablar del tema alivia el corazón y nos permite integrar la muerte a la vida.

Las mascotas y los niños
Cuando la mascota muere, la respuesta del niño dependerá no sólo de la fuerza del lazo emocional entre ellos, sino también de la edad del niño y de la manera en la que se maneja la pérdida. Es natural que intentemos proteger a nuestros hijos de las situaciones adversas y dolorosas. Sin embargo, muchos adultos se sorprenden al ver lo bien que los niños asumen estas experiencias, sobre todo cuando se les dan explicaciones claras y honestas y se les permite expresar su dolor. Apóyelos reconociendo su dolor. La muerte de una mascota puede ser una buena oportunidad para demostrarle la seguridad que usted puede otorgar a su familia en situaciones extremas.

Los niños pueden experimentar tristeza, ira, temor, negación y culpabilidad cuando se muere su mascota. También pueden ponerse celosos de los amigos que todavía tienen sus respectivos animales.

A los niños se les debe tranquilizar diciéndoles que la muerte del animal no tiene ninguna relación con algo que hayan dicho o hecho. Es muy común que los más pequeños, de 2 a 3 años, acepten fácilmente a otro animal en reemplazo del que ha fallecido. Entre los 4 y los 6 años, pueden crear que el animal se fue a vivir debajo de la tierra, que continúa comiendo, respirando, y jugando; también pueden pensar que está dormido. Otros creen que la muerte será contagiosa y lo afectará a él o a algún miembro de la familia, por lo que también aquí deben dárseles explicaciones amplias y claras. A los niños muy pequeños se les debe decir que cuando se muere un animal éste deja de moverse, ya no puede oír ni ver y no se va a volver a despertar. Puede que ellos necesiten el que se les repita varias veces esta explicación. De los nueve años en adelante, la mayoría de los niños pueden experimentar el mismo rango de emociones que los adultos después de la muerte de su mascota.

Hay muchas formas mediante las cuales los padres pueden decirle a sus niños que se ha muerto su mascota. A veces ayuda el poner a los niños lo más cómodamente posible (usar una voz calmada, tomarles las manos y ponerles el brazo alrededor de ellos) y el decírselos en un ambiente familiar. Es también importante ser sincero cuando se le dice al niño que se ha muerto su animal. Tratar de proteger al niño con explicaciones vagas o inexactas puede crearle ansiedad, confusión y desconfianza.

A menudo los niños tienen dificultad en aceptar la muerte de sus mascotas y el dolor, si es extremo, puede resultar en problemas físicos o de conducta. Ellos pueden experimentar todos los síntomas de depresión que muestran los adultos, pero las alteraciones en el sueño o en los patrones de conducta también pueden ser más aparentes, como aferrarse en exceso a las personas, mojar la cama, tener pesadillas, mostrar una conducta desobediente o reflejar inhabilidad para concentrarse en la escuela. La muerte del animal puede hacer que el niño recuerde otras pérdidas dolorosas o eventos inquietantes.

Es importante animar a los niños a hablar sobre sus sentimientos si lo desean. El escribir historias o dibujar, son otras maneras en las que los niños son capaces de expresarse. Sea honesto con ellos en relación con la muerte de su mascota, utilizando un lenguaje que puedan entender y permítales que compartan el dolor de la familia. Si fuese necesario recurrir a la eutanasia, trate de involucrar a los niños en el proceso de decisión, si son lo suficientemente mayores para entender. Los niños pueden experimentar resentimiento con otros, y hasta con ellos mismos, ya que pueden no entender que existen muchos factores que deben ser tomados en cuenta, como los conceptos de "enfermedad incurable", "calidad de vida" y "falta de presupuesto para llevar a cabo el tratamiento". Sea cuidadoso al utilizar la frase "poner a dormir" para describir la eutanasia ya que esto puede causar confusiones y miedos en los niños quienes pueden relacionar en sus mentes las palabras "dormir" y "morir".

Los niños a menudo tienen muchas preguntas después de que se muere su mascota, incluyendo: ¿Por qué se murió?, ¿Fue culpa mía?, ¿A dónde va a parar su cuerpo? ¿Volveré a verlo? Si yo lo deseo mucho y me porto muy bien, ¿puedo hacer que regrese? ¿La muerte dura para siempre? Es muy importante contestar tales preguntas de manera sencilla, breve y sincera.

Cuando el animal está muy enfermo o se está muriendo, saque el tiempo necesario para hablar con su hijo acerca de sus sentimientos, miedos y angustias. Si posible, es de gran ayuda el que el niño le diga adiós al animal antes de que éste muera. Los padres pueden servir de modelos de rol al compartir sus sentimientos con los niños. Permita que su hijo se dé cuenta de que es normal sentirse triste y extrañar al animal después de su muerte; estimule a su niño a que venga donde usted con sus preguntas o para buscar consuelo y alivio. Hablar acerca del animal con amigos y familiares ayuda.

No hay formas preferibles, buenas o malas, en la cual los niños lamenten a sus mascotas; en el duelo no hay cosas buenas o malas, más bien, cosas útiles y cosas no tan útiles. Ellos necesitan que se les dé tiempo para recordar a sus animales y libertad para hacerlo en su propio estilo. Después que el animal se muere los niños pueden querer enterrarlo, llevar a cabo un acto conmemorativo o tener una ceremonia. Otros niños pueden escribir poemas e historias o hacer dibujos de su animal. No es adecuado el reemplazar al animal muerto enseguida; debe permitírsele al niño el espacio y el tiempo necesario para que se aflija por su mascota muerta. Él será quien dicte la pauta.

La despedida
Al igual que con la muerte de un ser humano, el duelo por una mascota implica aceptar que alguien significativo se ha ido para no volver más. Se trata de un proceso que hay vivirlo como tal. Para ello, es fundamental celebrar un rito de despedida para nuestro querido amigo, ya sea enterrándolo en el jardín de la casa, rezando una oración o llevándolo a algún cementerio. Recuerde que la despedida es un acto de agradecimiento que usted hace hacia su mascota y no olvide que los niños y los ancianos pueden tener necesidades diferentes a las suyas y reaccionar de muy diferente manera ante la muerte de una mascota.

El lugar de descanso final de una mascota e, incluso, la posibilidad de reemplazarla, son algunas de las muchas cosas que debe considerar en estos difíciles momentos. Si la muerte es repentina o inesperada, puede haber mucha confusión y dificultad para decidir cómo disponer del cuerpo del animal. En los casos en que sea posible, debe discutir este tema con antelación y conseguir un consenso familiar que más tarde no sea motivo de arrepentimiento. Su veterinario le explicará las opciones disponibles, opciones que, en general, están dentro de cuatro categorías principales: (1) Entierro en el hogar (no permitido en algunos países), (2) Entierro en un cementerio de mascotas, (3) Cremación Individual (donde las cenizas le son devueltas en un ataúd) y (4) Cremación Comunal, la forma más común de disposición de las mascotas fallecidas. Existen muchas limitaciones que pueden influir en la decisión, tal como costos, normas legales o falta de espacio. Cualquiera que sea la decisión que se tome, asegúrese de que el resultado final sea aceptado por todos los involucrados.

Si fuera necesario practicar la eutanasia, a algunas personas les gusta acompañar a sus mascotas mientras se lleva a cabo el procedimiento. Esto es usualmente posible, pero incluso si usted no puede estar allí, se le permitirá ver o quizá pasar un rato con su mascota una vez realizado el procedimiento. Esto le dará la oportunidad de decirle adiós y de confirmar en sus propios términos que su mascota en realidad ha fallecido. Para algunos el llevar a cabo un simple funeral para su mascota puede ser de gran ayuda; esto es especialmente útil para ayudar a los niños a aceptar la muerte, además de que se les deja saber que ellos no son los únicos que sienten la pérdida. Recuerde que los niños no deben ser forzados a atender a estos servicios si no lo desean.

Reemplazar la mascota
Perder una mascota puede ser muy traumático. La mayoría de las personas necesitarán atravesar por un período de duelo antes de poder pensar en adquirir un nuevo animal. En los primeros días, muchos desearán nunca tener otra mascota pues no pueden soportar la idea de volver a padecer una pérdida semejante. Para otros, estos sentimientos desaparecen con el tiempo y, eventualmente, buscarán un reemplazo para su mascota. Sin embargo, antes de hacer esto, es importante aceptar la muerte de la mascota original y terminar todos los asuntos pendientes con ella. De otro modo, se pueden generar dificultades al intentar aceptar a una nueva mascota. Por esta razón, no es aconsejable que familiares o amigos, sin consentimiento previo, regalen un nuevo animal a otra persona que está sufriendo por una pérdida previa.

Para algunas personas, el dolor y la vida sin una mascota puede ser intolerable y necesitarán encontrar un reemplazo cuanto antes para su mascota muerta unos pocos días antes. Si la persona se siente de esta forma, tal respuesta es perfectamente aceptable y de ninguna forma se debe hacer sentir culpable a esta por este legítimo deseo; tampoco debe considerarse que se esté traicionando la memoria de la mascota muerta con esta actitud. Si se decide reemplazar a la mascota muerta, se deben considerar las actuales circunstancias pues éstas pueden haber cambiado desde que adquirió la primera mascota: es posible que ahora sea más apropiada otra raza o aún una especie diferente. También se debe decidir si se es capaz de controlar el entrenamiento y el ejercicio requeridos por un animal joven, o si sería más adecuado adquirir uno adulto.

Cada uno de nosotros experimentará el duelo de forma diferente. Algunos lo  vivirán de una forma muy privada y lenta, mientras que otros se recuperan rápida y abiertamente. En todo caso, no se apure a tomar un animal como reemplazo. Dese tiempo apara asimilar el duelo. Finalmente, es importante recordar que la nueva mascota es un individuo con personalidad propia, que al principio tomará tiempo construir una nueva relación y que puede ser muy difícil evitar hacer comparaciones con la mascota muerta.

La decisión sobre si reemplazar o no a una mascota puede ser particularmente difícil para una persona mayor. Existen muchos factores que deben ser tenidos en cuenta, factores que antes no era necesario considerar, como, por ejemplo, nivel de ejercicio que requiere el animal, espacio, facilidades disponibles, costo y habilidad física para cuidar al animal. El adulto mayor también puede ser consciente de la posibilidad de que su mascota viva más tiempo que ellos. Estos factores influirán en la selección de la especie, el tamaño, la edad y la raza de la mascota. Al tomar esta decisión, no se debe olvidar que el bienestar del animal es de la mayor importancia.

Razones para la eutanasia
Nunca estamos preparados para la muerte de una mascota, tanto si llega de una forma rápida e inesperada, como si viene luego de un doloroso y largo proceso. Nuestra actitud y compromiso en el resultado final puede incluso ser muy pasiva. Tal vez deseemos no darle a nuestra vieja mascota un tratamiento médico que solo alargue su agonía; aunque, si su enfermedad no tiene cura, también podríamos evitarle que viva el resto de sus días con sufrimiento.

Todos esperan y desean que el último día del animal sea en absoluta calma, sin muchos quejidos, encontrarlo ya muerto en su cama como si estuviera dormido, al día siguiente. No obstante, cuando hay que tomar la decisión y debemos recurrir a la eutanasia, el impacto por su muerte es doblemente mayor.

La eutanasia se puede definir como la introducción a la muerte sin necesidad de sufrir dolor. En la práctica, suele administrarse mediante una inyección intravenosa con una dosis concentrada de anestesia. El animal solo sentirá un leve malestar cuando la aguja le atraviesa la piel, pero esta dolencia no será mayor que la de cualquier inyección que haya recibido. La inyección toma solo unos segundos para provocar la perdida de sentido, a la que inmediatamente le seguirá una depresión respiratoria, un paro cardíaco y la muerte.

Como todo médico, los veterinarios no suelen inclinarse por esta opción tan fácilmente. Primero agotan todas las posibilidades de diagnósticos y tratamiento para encontrar alguna forma de mantener al animal con vida y sin sufrimiento. Conocen muy bien la diferencia entre alargar la vida y prolongar el sufrimiento. La eutanasia es el último recurso con que se cuentan para acabar con el dolor de un animal que sufre.

Solicitar la eutanasia para nuestras mascotas es probablemente una de las decisiones más duras que tenemos que tomar durante nuestras vidas. Se vendrán encima todas las etapas del duelo y se sentirá un gran enojo con el animal, con nuestra familia, con el veterinario y con la vida por obligarnos a tomar esta decisión. Estaremos tentados a posponer la decisión, esperando que en algún momento ya no sea necesario tomarla. Por muy difícil y dolorosa que sea, el sufrimiento del animal debe primar sobre los sentimientos de culpa que tomar esta decisión pueda generar.

Para decidir si tomar o no la decisión de la eutanasia, tómese su tiempo; hable y aclare dudas con su veterinario: ¿Qué opción le ofrece menos dolor una vez que su mascota haya muerto? Considere las siguientes preguntas como orientación:

1. Respecto a la mascota:
• ¿Cuál es su calidad de vida?
• ¿Sufre de dolores constantes?
• ¿Come bien y sin dificultad?
• ¿Continúa siendo juguetón y cariñoso?
• ¿Se interesa o tiene ánimos por seguir haciendo las cosas que le gustaba hacer antes?
• ¿Se lo nota agotado y triste la mayor parte del tiempo?

2. Respecto a usted mismo:
• ¿Tiene alguna otra alternativa para aliviarle su sufrimiento?
• ¿Es legítima su decisión o se relaciona con su enojo por las restricciones que le ha impuesto a su vida?
• ¿Consultó previamente con algún veterinario al respecto?
• ¿Su sufrimiento está afectando mucho su vida y la de sus familiares?
• ¿Desea estar presente durante la aplicación de la eutanasia o prefiere esperar en la recepción o en un pasillo?
• ¿Desea estar solo o acompañado en ese momento?
• ¿Prefiere recuperarse de esa pérdida antes de considerar adquirir otra mascota?

3. Respecto a las mascotas:
• ¿Desea que el veterinario conserve su cuerpo hasta que decida que hacer?
• ¿Quiere tomar medidas especiales para el entierro, la cremación o la lápida?
• ¿Desea adoptar de forma inmediata a otra mascota?
• ¿Tomarán medidas especiales respecto a algún acto de memorialización?


Sobreviviendo el vacío el día después de que la mascota ha muerto
Un tiempo tradicionalmente para la familia nos recuerda quién o qué es lo que hemos perdido. Para recuperarse de la pérdida de una mascota y sobrevivir a los festivos recuerde:

1. Reconozca que tiene un duelo con todas sus características y que puede tener algunas dificultades emocionales durante los festivos; aunque parezca obvio, no lo olvide.
2. Permítase afligirse sin temor o vergüenza de otros.
3. Comparta sus sentimientos con otras personas de su confianza. Si no encuentra ayuda en su círculo de amistades o familiares, asista o forme grupos de ayuda-mutua o apoyo en línea.
4. Aprecie y valore sus recuerdos, tanto fotográficos como de video, y utilícelos en momentos de nostalgia.
5. Haga algo simbólico, por ejemplo, un regalo a un refugio de animales u organización de defensa de éstos, encienda una vela, ponga una media con el nombre de la mascota, escriba una nota o diseñe una página en internet para ese propósito.
6. Hágase un regalo: duerma y coma bien y haga ejercicio. Recuerde que el duelo exige de mucha energía.
7. Ayude a alguien.
8. Confíe en su sistema de creencias individuales.
9. Resista la tentación de conseguir una nueva mascota prematuramente para llenar el vacío dejado por la previa. Recuerde que ninguna relación puede ser duplicada. El tiempo para conseguir una nueva mascota depende de muchas variables, si bien será cada persona quien así o considerará.
10.  Recuerde que los festivos son temporales.

Bibliografía
http://www.enplenitud.com/nota.asp?articuloID=2440: La parte triste de tener una mascota.
Los niños y la muerte de una mascota. Child Psychiatry. American Academy of Child and Adolescent Psychiatry, 2004
http://www.mypetstop.com/ARG/Fish/Relationship/Grief+Support/: Sustituyendo a una mascota
http://www.vidadeperros.cl/anterior/rev18b.htm: Todos los perros se van al cielo
http://www.homestead.com/montedeoya/duelos.html: Sobreviviendo al vacío el día después de que la mascota ha muerto
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