Los intentos para explicar la fenomenología del duelo normal y sus reacciones anormales han resultado en el desarrollo de diferentes modelos que proporcionan una trama conceptual para entender los síntomas y las reacciones normales de la aflicción; los modelos teóricos se derivan fundamentalmente de estudios empíricos; se suelen solapar unos con otros al describir los mismos fenómenos desde diferentes perspectivas. Los modelos también sugieren una mayor convergencia de conceptos psicodinámicos y cognitivo-conductuales, soportando la aproximación conceptual del duelo no adherida a un punto de vista rígido. Por otra parte, los clínicos a menudo encuentran más fácil usar una aproximación ecléctica al aplicarlos.
Sigmund Freud (1856-1939)
Sigismund Freud, que, a los veintidós años, habría de cambiar ese nombre por el de Sigmund, nació en Freiberg, en la antigua Moravia (hoy Príbor, Checoslovaquia), el 6 de mayo de 1856. Su padre fue un comerciante en lanas que, en el momento de nacer él, tenía ya cuarenta y un años y dos hijos habidos en un matrimonio anterior; el mayor de ellos tenía aproximadamente la misma edad que la madre de Freud -veinte años más joven que su esposo- y era, a su vez, padre de un niño de un año. En su edad madura, Freud hubo de comentar que la impresión que le causó esta situación familiar un tanto enredada tuvo como consecuencia la de despertar su curiosidad y aguzar su inteligencia.
En 1859, la crisis económica dio al traste con el comercio paterno y al año siguiente la familia se trasladó a Viena, en donde vivió largos años de dificultades y estrecheces, siendo muy frecuentes las temporadas en las que, durante el resto de su larga vida (falleció en octubre de 1896), el padre se encontraría sin trabajo. Freud detestó siempre la ciudad en la cual, por otra parte, residió hasta un año antes de su muerte, cuando, en junio de 1938 y a pesar de la intercesión de Roosevelt y Mussolini, se vio obligado, dada su condición de judío -sus obras habían sido quemadas en Berlín en 1933-, a emprender el camino del exilio hacia Londres.
La familia se mantuvo fiel a la comunidad judía y sus costumbres; aunque no fue especialmente religiosa; al padre cabe considerarlo próximo al librepensamiento, y el propio Freud había perdido ya las creencias religiosas en la adolescencia. En 1873, finalizó sus estudios secundarios con excelentes calificaciones. Había sido siempre un buen estudiante, correspondiendo a los sacrificios en pro de su educación hechos por sus padres, que se prometían una carrera brillante para su hijo, el cual compartía sus expectativas. Después de considerar la posibilidad de cursar los estudios de derecho, se decidió por la medicina, aunque no con el deseo de ejercerla, sino movido por una cierta intención de estudiar la condición humana con rigor científico. A mitad de la carrera, tomó la determinación de dedicarse a la investigación biológica, y, de 1876 a 1882, trabajó en el laboratorio del fisiólogo Ernst von Brücke, interesándose en algunas estructuras nerviosas de los animales y en la anatomía del cerebro humano. De esa época data su amistad con el médico vienés Josef Breuer, catorce años mayor que él, quien hubo de prestarle ayuda, tanto moral como material. En 1882 conoció a Martha Bernays, su futura esposa, hija de una familia de intelectuales judíos; el deseo de contraer matrimonio, sus escasos recursos económicos y las pocas perspectivas de mejorar su situación trabajando con Von Brücke hicieron que desistiese de su carrera de investigador y decidiera ganarse la vida como médico, título que había obtenido en 1881, con tres años de retraso.
Sin ninguna predilección por el ejercicio de la medicina general, resolvió adquirir la suficiente experiencia clínica que le permitiera alcanzar un cierto prestigio, y, desde julio de 1882 hasta agosto de 1885, trabajó como residente en diversos departamentos del Hospital General de Viena, decidiendo especializarse en neuropatología. En 1884 se le encargó un estudio sobre el uso terapéutico de la cocaína y, no sin cierta imprudencia, la experimentó en su persona. No se convirtió en un toxicómano, pero causó algún que otro estropicio, como el de empujar a la adicción a su amigo Von Fleischl al tratar de curarlo de su morfinomanía, agravando, de hecho, su caso. En los círculos médicos se dejaron oír algunas críticas y su reputación quedó un tanto ensombrecida. En 1885, se le nombró Privatdozent de la Facultad de Medicina de Viena, en donde enseñó a lo largo de toda su carrera, primeramente neuropatología, y, tiempo después, psicoanálisis, aunque sin acceder a ninguna cátedra.
La obtención de una beca para un viaje de estudios le llevó a París, en donde trabajó durante cuatro meses y medio en el servicio de neurología de la Salpêtrière bajo la dirección de Jean Martín Charcot, por entonces el más importante neurólogo francés. Allí tuvo ocasión de observar las manifestaciones de la histeria y los efectos de la hipnosis y la sugestión en el tratamiento de la misma. De regreso a Viena, contrajo matrimonio en septiembre de 1886, después de un largo noviazgo jalonado de rupturas y reconciliaciones como consecuencia, en especial, de los celos que sentía hacia quienquiera que pudiese ser objeto del afecto de Martha (incluida su madre). En los diez años siguientes a la boda, el matrimonio tuvo seis hijos, tres niños y tres niñas, la menor de las cuales, Anna, nacida en diciembre de 1895, habría de convertirse en psicoanalista infantil.
Poco antes de casarse, Freud abrió una consulta privada como neuropatólogo, utilizando la electroterapia y la hipnosis para el tratamiento de las enfermedades nerviosas. Su amistad con Breuer cristalizó, por entonces, en una colaboración más estrecha, que fructificaría finalmente en la creación del psicoanálisis, aunque al precio de que la relación entre ambos se rompiera. Entre 1880 y 1882, Breuer había tratado un caso de histeria (el de la paciente que luego sería mencionada como «Anna O.»); al interrumpir el tratamiento, habló a Freud de cómo los síntomas de la enferma (parálisis intermitente de las extremidades, así como trastornos del habla y la vista) desaparecían cuando ésta encontraba por sí misma, en estado hipnótico, el origen o la explicación. En 1886, luego de haber comprobado en París la operatividad de la hipnosis, Freud obligó a Breuer a hablarle de nuevo del caso y, venciendo su resistencia inicial, a consentir en la elaboración conjunta de un libro sobre la histeria. Durante la gestación de esta obra, aparecida en 1895, Freud desarrolló sus primeras ideas sobre el psicoanálisis. Breuer participó hasta cierto punto en el desarrollo, aunque frenando el alcance de las especulaciones más tarde características de la doctrina freudiana y rehusando, finalmente, subscribir la creciente convicción de Freud acerca del papel desempeñado por la sexualidad en la etiología de los trastornos psíquicos.
En 1896, luego de romper con Breuer de forma un tanto violenta, Freud empezó a transformar la metodología terapéutica que aquél había calificado de «catarsis», basada en la hipnosis, en lo que él mismo denominó el método de «libre asociación». Trabajando solo, víctima del desprecio de los demás médicos, el tratamiento de sus pacientes le llevó a forjar los elementos esenciales de los conceptos psicoanalíticos de «inconsciente», «represión» y 'transferencia'. En 1899, apareció su famosa La interpretación de los sueños, aunque con fecha de edición de 1900, y en 1905 se publicó Tres contribuciones a la teoría sexual, la segunda en importancia de sus obras. Estos dos fueron los únicos libros que Sigmund Freud revisó puntualmente en cada una de sus sucesivas ediciones.
Hasta 1905, y aunque por esas fechas sus teorías habían franqueado ya definitivamente el umbral de los comienzos y se hallaban sólidamente establecidas, contó con escasos discípulos. Pero en 1906 empezó a atraer más seguidores; el circulo de los que, ya desde 1902, se reunían algunas noches en su casa con el propósito de orientarse en el campo de la investigación psicoanalítica, fue ampliado y cambió, incluso, varias veces de composición, consolidándose así una sociedad psicoanalítica que, en la primavera de 1908, por invitación de Karl Gustav Jung, celebró en Salzburgo el Primer Congreso Psicoanalítico. Al año siguiente, Freud y Jung viajaron a Estados Unidos, invitados a pronunciar una serie de conferencias en la Universidad Clark de Worcester, Massachusetts, comprobando con sorpresa el entusiasmo allí suscitado por el pensamiento freudiano mucho antes que en Europa. En 1910 se fundó en Nuremberg la Sociedad Internacional de Psicoanálisis, presidida por Jung, quien conservó la presidencia hasta 1914, año en que se vio obligado a dimitir, como corolario de la ruptura fallada por el mismo Freud en 1913, al declarar improcedente la ampliación jungiana del concepto de «líbido» más allá de su significación estrictamente sexual. En 1916 publicó Introducción al psicoanálisis.
En 1923, le fue diagnosticado un cáncer de mandíbula y hubo de someterse a la primera de una serie de intervenciones. Desde entonces y hasta su muerte en Londres el 23 de septiembre de 1939, estuvo siempre enfermo, aunque no decayó su enérgica actividad. Sus grandes contribuciones al diagnóstico del estado de nuestra cultura datan de ese período (El porvenir de una ilusión [1927], El malestar en la cultura [1930], Moisés y el monoteísmo [1939]). Ya con anterioridad, a través de obras entre las que destaca Tótem y tabú (1913), inspirada en el evolucionismo biológico de Darwin y el evolucionismo social de Frazer, había dado testimonio de hasta qué punto consideró que la importancia primordial del psicoanálisis, más allá de una eficacia terapéutica que siempre juzgó restringida, residía en su condición de instrumento para investigar los factores determinantes en el pensamiento y el comportamiento de los hombres.
Propuso la primera teoría intrapsíquica del duelo en su trabajo "Duelo y melancolía"; si bien no tuvo interés particular en el fenómeno mismo del duelo, lo consideró como una respuesta normal en el curso de la vida: "Todos tenemos pérdidas, todos nos afligimos, todos sobrevivimos".
Para Freud, el duelo es una reacción normal a la pérdida de una persona amada o a la pérdida de alguna abstracción que ha tomado el lugar de aquella, tal como la patria, la libertad o una idea. Si bien es un período especial de la vida, nunca deberá ser considerado como una condición mórbida que requiere tratamiento médico. Además, la interferencia del proceso puede aun llegar a ser peligroso para el deudo.
De los modelos propuestos para explicar las reacciones del duelo, el más completamente desarrollado es el psicodinámico, basado en las teorías psicoanalíticas propuestas por Freud, el cual se enfoca en el proceso intrapsíquico de la aflicción.
De acuerdo a esta teoría, el proceso de la aflicción es acompañado por un retiro gradual de la energía emocional (libido) del objeto amado perdido. Debido a que renunciar a esta unión es emocionalmente doloroso, los síntomas de la aflicción pueden ser entendidos como una negación inicial de la pérdida seguido por un período de preocupación, con pensamientos de la persona muerta, durante el cual los recuerdos son recuperados y revisados, permitiendo así que la unión a la persona muerta sea gradualmente retirada. El trabajo del duelo es completado cuando el individuo ha emocionalmente liberado la energía, estimulándose por nuevas relaciones.
Para Freud, la semejanza entre el duelo y la melancolía reside en la pérdida del objeto amado, siendo en la melancolía el sujeto mismo (su autoestima y autoconfianza) el objeto perdido. El ego llega a empobrecerse y estar vacío; en el duelo normal, por el contrario, no hay pérdida de la autoestima debido a que no existe una relación ambivalente -al menos en la aflicción normal- hacia el difunto. Si existiesen sentimientos ambivalentes, el duelo resultaría en una organización patológica que él llamó "reproches obsesivos" o un "estado obsesivo de auto-denigración" causado por el conflicto de la ambivalencia. Estos "reproches" se presentarían en forma de sentimientos de daño, abandono, desilusión y expectativas delusionales de castigo.
Al valorar la realidad -y reconocer que el objeto amado ya no existe- se requiere que toda la libido sea retirada de su unión al objeto amado (lo cual, de hecho, demanda un gran esfuerzo) y el individuo esté nuevamente libre para reinvertirla en otro sujeto. Debido al rechazo a dejar el objeto amado, este proceso sólo puede ser realizado lentamente, poco a poco con el tiempo. Durante este período de "decathexis" (dejar ir), la persona pierde el interés por todas las cosas, no puede experimentar amor y le invade un sentimiento de desesperanza.
Apuntes en referencia al texto Duelo y Melancolía
A. EL DUELO ES UN PROBLEMA DE LOS AFECTOS, ES ALGO NORMAL Y ES UNA REACCIÓN A LA PÉRDIDA. CIRCUNSCRIPCIÓN DEL DUELO SOLO A LA PÉRDIDA REAL DEL OBJETO.
1. “... comparándola con un afecto normal: el duelo”
2. “… El duelo es, por regla general, la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces, como la patria, la libertad, un ideal, etc.”
3. ”.. Esto nos llevaría a referir de algún modo la melancolía a una pérdida de objeto sustraída de la conciencia, a diferencia del duelo, en el cual no hay nada inconsciente en lo que atañe a la pérdida”
4. “... Por eso la melancolía puede surgir en una gama más vasta de ocasiones que el duelo, que por regla general sólo es desencadenado por la pérdida real, la muerte del objeto...”
B. A PESAR DE QUE EL DUELO TRAE CONSIGO GRAVES DESVIACIONES DE LA CONDUCTA (ES DECIR, ES NOTABLEMENTE TRASTORNADOR A TODO NIVEL), NO PRECISA ATENCIÓN (ES INOPORTUNA) Y EXIGE CIERTO TIEMPO. EL DUELO COMO UN FENÓMENO BORDELINE
1. “... En verdad, si esta conducta no nos parece patológica, ello sólo se debe a que sabemos explicarla muy bien”
2. “… a pesar de que el duelo trae consigo graves desviaciones de la conducta normal en la vida, nunca se nos ocurre considerarlo un estado patológico ni remitirlo al médico para su tratamiento. Confiamos en que pasado cierto tiempo se lo superará, y juzgamos inoportuno y aun dañino perturbarlo”
C. EL DUELO ES UN SÍNDROME, SE VISLUMBRA LA POSIBILIDAD DE ENCONTRAR UN SUSTITUTO
1. “... la reacción frente a la pérdida de una persona amada, contiene idéntico talante dolido, la pérdida del interés por el mundo exterior -en todo lo que no recuerde al muerto-, la pérdida de la capacidad de escoger algún nuevo objeto de amor -en reemplazo, se diría, del llorado-, el extrañamiento respecto de cualquier trabajo productivo que no tenga relación con la memoria del muerto”
D. EL DUELO ES UN ESTADO, TIENEN UNA CAUSA CLARA Y CIERTAS PRESENTACIONES O VARIANTES.
1. “… La conjunción de melancolía y duelo parece justificada por el cuadro total de esos dos estados (ver nota). También son coincidentes las influencias de la vida que los ocasionan, toda vez que podemos discernirlas”
2. “... La mancomuna al duelo este rasgo: pasado cierto tiempo desaparece sin dejar tras sí graves secuelas registrables ...”
3. “… El duelo pesaroso…”:
E. FACTORES QUE MODIFICAN LA RESPUESTA A LA PÉRDIDA. SE INTUYE EL APEGO COMO UNO DE LOS DETERMINANTES DE LA RESPUESTA A LA PÉRDIDA
1. “... Sí el objeto no tiene para el yo una importancia tan grande, una importancia reforzada por millares de lazos, tampoco es apto para causarle un duelo o una melancolía...”:
F. EL DUELO TIENE UNOS FACTORES DE RIESGO. EL DUELO MUESTRA LOS MISMOS RASGOS QUE LA DEPRESIÓN (melancolía), SI BIEN NO SE AFECTA LA AUTO-ESTIMA.
1. “… A raíz de idénticas influencias, en muchas personas se observa, en lugar de duelo, melancolía (y por eso sospechamos en ellas una disposición enfermiza)”
2. “… el duelo muestra los mismos rasgos (que la melancolía), excepto uno; falta en él la perturbación del sentimiento de sí. Pero en todo lo demás es lo mismo”
G. EL PROCESO DE RECUPERACIÓN DE LA PÉRDIDA DE UN SER QUERIDO ES ABSORBENTE Y NO DEJA ENERGÍA PARA OTRA COSA (SE INTUYE YA LA ECONOMÍA DEL DUELO). REFERENCIA A LA DIFÍCIL TAREA, NO EXCENTA DE DOLOR, DE LA ACEPTACIÓN DE LA NUEVA REALIDAD. EL AGOTADOR PROCESO DE RECUPERACIÓN DEL DUELO. EL DUELO COMO TRABAJO QUE CONSUME ENERGÍA SOLO DURANTE UN TIEMPO DE TODO EL PROCESO.
1. “... Fácilmente se comprende que esta inhibición y este angostamiento del yo expresan una entrega incondicional al duelo que nada deja para otros propósitos y otros intereses”
2. “... ¿Por qué esa operación de compromiso, que es el ejecutar pieza por pieza la orden de la realidad, resulta tan extraordinariamente dolorosa?”
3. “... En primer término: El duelo normal vence sin duda la pérdida del objeto y mientras persiste absorbe de igual modo todas las energías del yo
4. “... Podemos imaginar que esa desatadura se cumple tan lentamente y tan paso a paso que, al terminar el trabajo, también se ha disipado el gasto que requería...”
H. EL DUELO COMO UN TRABAJO REAL Y CONSCIENTE. EL TRABAJO DEL DUELO COMO PROCESO QUE ABSORBE. EL DUELO COMO TRABAJO. EL DUELO COMO UN TRABAJO INTERIOR. EL DUELO COMO TRABAJO VARIADO.
1. “... Ahí mismo se efectúan los intentos de desatadura en el duelo, pero en este caso nada impide que tales procesos prosigan por el camino normal que atraviesa el Prcc hasta llegar a la conciencia...”
2. “... En el duelo hallamos que inhibición y falta de interés se esclarecían totalmente por el trabajo del duelo que absorbía al yo”
3. “... Ahora bien, ¿en qué consiste el trabajo que el duelo opera?”
4. “... Pero esto es, según sabemos, secundario; es la consecuencia de ese trabajo interior que devora a su yo, un trabajo que desconocemos, comparable al del duelo...”
5. “... Con relación a aquel nos enteramos de que se necesita tiempo para ejecutar detalle por detalle la orden que dimana del examen de realidad; y cumplido ese trabajo, el yo ha liberado su libido del objeto perdido...”
6. “... y la ejecución de ese quite de libido no puede ser un proceso instantáneo, sino, sin duda, como en el caso del duelo, un proceso lento que avanza poco a poco...”
7. “... ¿Comienza al mismo tiempo en varios lugares o implica alguna secuencia determinada?”
I. CONSECUENCIAS DEL DUELO SOBRE EL PROPIO MUNDO
1. “... En el duelo, el mundo se ha hecho pobre y vacío...”
J. SE VISLUMBRA YA UNA TEORÍA SOBRE LA ECONOMÍA DEL DUELO. UN PASO MÁS HACIA LA TEORÍA SOBRE LA ECONOMÍA DEL DUELO. ELEMENTOS PARA LA CONSTRUCCIÓN DE UNA TEORÍA ECONÓMICA DEL DUELO.
1. “... Aprobaremos también la comparación que llama «dolido» al talante del duelo. Es probable que su legitimidad nos parezca evidente cuando estemos en condiciones de caracterizar económicamente al dolor (ver nota)”
2. “... He ahí algo que no puede indicarse con facilidad en una fundamentación económica”
3. “... Ni siquiera podemos decir cuáles son los medios económicos por los que el duelo consuma su tarea...”
K. SE VISLUMBRAN LAS TAREAS DEL DUELO. EL RECONOCIMIENTO DE LA PÉRDIDA COMO ELEMENTO NECESARIO PARA QUE SE DE EL DUELO. REFERENCIA A UNA DE LAS TAREAS DEL DUELO. BASES DE LA SUPERACIÓN DEL PROCESO A PESAR DE SER NOTABLEMENTE TRASTORNADOR A TODO NIVEL. EL DUELO COMO PROCESO DE ADAPTACIÓN. SE ESTABLECEN DIFERENCIAS ENTRE ACEPTACIÓN INTELECTUAL Y ACEPTACIÓN AFECTIVA. LA ACEPTACIÓN DE LA REALIDAD COMO ELEMENTO PRIMORDIAL PARA QUE SE DE EL DUELO. SE MENCIONA LA IMPORTANCIA DE LAS RESISTENCIAS AL CAMBIO Y SE RECONOCE PLENAMENTE EL FENÓMENO DEL SUSTITUTO DEL OBJETO PERDIDO. EL DUELO COMO FENÓMENO DINÁMICO Y CON ESPERANZA DE SUPERVIVENCIA.
1. “... y de él emana ahora la exhortación de quitar toda libido de sus enlaces con ese objeto”
2. “... El examen de la realidad ha mostrado que el objeto amado ya no existe más...”
3. “... Cada uno de los recuerdos y cada una de las expectativas en que la libido se anudaba al objeto son clausurados, sobreinvestidos y en ellos se consuma el desasimiento de la libido (ver nota)”
4. “... Y lo notable es que nos parece natural este displacer doliente. Pero de hecho, una vez cumplido el trabajo del duelo el yo se vuelve otra vez libre y desinhibido (ver nota)”
5. “... Se ejecuta pieza por pieza con un gran gasto de tiempo y de energía de investidura, y entretanto la existencia del objeto perdido continúa en lo psíquico”
6. ”... Para cada uno de los recuerdos y de las situaciones de expectativa que muestran a la libido anudada con el objeto perdido, la realidad pronuncia su veredicto: El objeto ya no existe más...”
7. “... A ello se opone una comprensible renuencia: universalmente se observa que el hombre no abandona de buen grado una posición libidinal, ni aun cuando su sustituto ya asoma”
8. “... Así como el duelo mueve al yo a renunciar al objeto declarándoselo muerto y ofreciéndole como premio el permanecer con vida...”
L. ANTECEDENTES DEL DUELO PATOLÓGICO. DURANTE EL DUELO EL YO NO SE EMPOBRECE. GRAN DIFERENCIA ENTRE EL DUELO Y LA MELANCOLÍA: MIENTRAS EN ELDUELO SE EMPOBRECE EL MUNDO, EN LA MELANCOLÍA LOHACE EL YO.
1. “... Esa renuencia puede alcanzar tal intensidad que produzca un extrañamiento de la realidad y una retención del objeto por vía de una psicosis alucinatoria de deseo (ver nota). Lo normal es que prevalezca el acatamiento a la realidad. Pero la orden que esta imparte no puede cumplirse enseguida”
2. “... El melancólico nos muestra todavía algo que falta en el duelo: una extraordinaria rebaja en su sentimiento yoico {Ichgefühl}, un enorme empobrecimiento del yo”
3. “... en la melancolía, eso le ocurre al yo mismo...”
M. EL DUELO COMO FACTOR DE RIESGO DE PSICOPATOLOGÍA. EL DUELO, EN SÍ MISMO, Y LA PERSONALIDAD PRE-MÓRBIDA COMO FACTORES DE RIESGO DE PSICOPATOLOGÍA.
1. “... La pérdida del objeto de amor es una ocasión privilegiada para que campee y salga a la luz la ambivalencia de los vínculos de amor...”
2. “... Y por eso, cuando preexiste la disposición a la neurosis obsesiva, el conflicto de ambivalencia presta al duelo una conformación patológica y lo compele a exteriorizarse en la forma de unos autorreproches, a saber, que uno mismo es culpable de la pérdida del objeto de amor, vale decir, que la quiso...”
3. “... En esas depresiones de cuño obsesivo tras la muerte de personas amadas se nos pone por delante eso que el conflicto de ambivalencia opera por sí solo cuando no es acompañado por el recogimiento regresivo de la libido”.
Otto Fenichel (1897-1945)
Fue el tercero de tres hijos del Abogado Fiscal del Imperio, Leo Fenichel y su esposa Emma. Nació el 2 de Diciembre de 1897 en Viena, siendo brillante ya como estudiante del Gymnasium y militante revolucionario del movimiento juvenil vienés que era liderado por su compañero de estudios Sigfried Bernfeld. Decidió hacerse un psicoanalista y comenzó su educación mientras era un estudiante de medicina (donde se le dio constancia de su estudio en 1918 a la edad de 21 años). Era una persona de enorme energía y conciencia política y social. Recibió su título de Médico de la Universidad de Viena en 1921 y se trasladó a Berlín en 1922 para completar su educación en el Instituto Psicoanalítico de Berlín.
Pese a su falta de atractivo físico (según Käte Leichter), era centro del movimiento por sus conocimientos de psicoanálisis. Era un movimiento de protesta contra padres y profesores reclamando una "Cultura joven" propia, cuestionadora de la vieja pedagogía y hacia una nueva forma de relacionamiento entre los géneros. El psicoanálisis le brindaba elementos y bases de argumentación. Ya al realizar su primer semestre en la Universidad, entre 1915 y 1916, concurría a las conferencias de Freud. Fue amenazado de expulsión del Gymnasium por promover una estadística acerca del esclarecimiento sexual.
Alentados por Fenichel en 1912, veinte estudiantes activaron la creación de un seminario sobre sexología en la Asociación Académica de Médicos Judíos para compensar las carencias de la formación curricular respecto a esa temática. Estos estudiantes se encontraban durante el semestre de verano y más tarde algunos de ellos pasaron a integrar las tradicionales noches de los miércoles de la Asociación Psicoanalítica Vienesa y formaron la segunda generación del Movimiento Psicoanalítico (Eduard Bibring, Grete Lehner, Wilhelm Reich, Otto Sperling). Poco después de finalizados sus estudios de medicina, Fenichel se dirigió a Berlín para formarse como psicoanalista en la policlínica psicoanalítica y en el Instituto de formación berlinés. En 1924 fue asistente en el equipo de la policlínica y en 1925 analista didacta. En mayo de 1926 comenzó una actividad de enseñanza muy prolífica en el Instituto de Psicoanálisis de Berlín. Las experiencias allí recogidas y su necesidad de sistematización encontraron expresión en sus "Teorías de las Neurosis", editadas en dos tomos en 1931.
En 1924 creó el "Seminario de niños" que dirigió junto a Schultz-Henke hasta 1933. Así creó una tribuna donde analistas en formación discutían libremente temas de psicoanálisis y política. Fenichel llevó actas de estos encuentros en número de 168. Este foro de discusión creó un lugar para que los jóvenes freudianos orientados políticamente (Edith Jacobson, Erich Fromm, George Gero, Kate Friedländer, Annie y Wilhelm Reich) tomaran posición y discutieran acerca de temas de quemante actualidad. De filiación política de izquierda, compartían el entusiasmo por la creación de la Unión Soviética y fueron a visitarla personalmente. Fenichel escribió acerca de esta experiencia en "La colonia de trabajo abierta de Bolschewo", de 1931. La proximidad con su compañero de juventud Wilhelm Reich, hacía que ambos compartieran aún en sus escritos las opiniones políticas.
Con el advenimiento del nazismo, un psicoanálisis comprendido políticamente ya no fue más una cuestión intelectual, sino un problema de la vida cotidiana y de sobrevivencia. Los freudianos conscientes políticamente intentaron, en oposición al establishment psicoanalítico, continuar sus procesos reflexivos socio-críticos. Cuando Hitler accedió al poder, inició la persecución de la población judía y se quemaron los libros de Freud. Pero paralelamente, comenzó la política de colaboracionismo de los psicoanalistas. Pese a la represión totalitaria, se realizaban esfuerzos por obtener el reconocimiento de los dueños del poder del discurso censurado del psicoanálisis, hasta que finalmente el mismo zozobró en el "Grupo de Trabajo A", del Instituto Alemán de Investigación Psicológica y Psicoterapia (conocido como Instituto Göhring de Psicoterapia). Uno de los más tempranos opositores a esta política fue Reich, quien, en una "acción de limpieza" (según Felix Böhm) del Instituto de Berlín, fue separado del grupo (Brecht et al., 1985, 103). Habiendo perdido su hogar tanto política como científicamente, Reich actuó según la divisa "Quien no está conmigo, está en mi contra" y se dedicó a conseguir el apoyo de Fenichel en la oposición. Con la separación de Reich comenzó una correspondencia entre Fenichel y sus amigos y compañeros militantes psicoanalistas, que constituye una documentación única de clandestinidad científica.
En un período de once años, Fenichel envió cerca de 119 circulares (de las cuales la más extensa consta de ochenta págs.) en torno a la lucha contra el psicoanálisis medicalizado y lavado dentro de la IPA, orientada hacia un psicoanálisis subversivo (Jacoby, 1985, 47). A fines de 1935 Fenichel emigró de Oslo a Praga. En contraposición a Reich, quería mentener la discusión científica solo dentro de la institución psicoanalítica. Mantuvo esta posición aunque luego en 1937 aceptó que debería haber seguido la propuesta de Reich de disolver la Asociación Psicoanalítica Alemana a principios de 1933. Con el tiempo las dudas crecieron. Después de su emigración a Los Angeles huyendo de los Nazis (año 1938), empezó a sonar resignado. Todavía en el congreso de Lucerna de 1934, dijo que siempre había pensado que la discusión debía darse en lo interno de la institución puesto que sin organización firme el psicoanálisis se desdibujaría y desaparecería; "...pero acontecimientos últimos me han hecho repensar, ¿será que ya las organizaciones con su congelada orientación medicalizadora bloquean más el desarrollo científico que la propia resistencia del mundo externo?" (Reichmayr, 1988, 93 y sig.).
En 1945 había decidido apartarse de la enseñanza y práctica del psicoanálisis para ser médico asistente en el "Cedars of Lebanon Hospital" que habría de servirle para la reválida de su título de médico en USA. En la lucha contra la medicalización del psicoanálisis, quería de este modo hacerse inatacable. Para algunos, este trabajoso paso resultaba incomprensible, ya que Fenichel estaba a punto de ser admitido como analista didacta y enseñante de psicoanálisis en poco tiempo más. Pocas semanas antes de su muerte, pudo recibir su habilitación como "Enciclopedista del Psicoanálisis" con su libro "La teoría psicoanalítica de las neurosis". Esto no pudo evitar que su lucha por una enseñanza de la teoría freudiana del psicoanálisis sociocrítica, hubiera fracasado en su oposición dentro de la IPA a la medicalización y escolarización de la trasmisión, dejándolo en un "insilio interno". El proceso histórico del psicoanálisis desde la monarquía de los Habsburgo hasta el exilio norteamericano, ocasionó quiebres biográficos difíciles de elaborar. Las metas científico-políticas resultaron anticuadas, los viejos vínculos rotos. El movimiento psicoanalítico de su juventud era ya tan solo un recuerdo.
El 14 de julio de 1945 escribió su última y más breve circular, la número 119. Allí describía sus múltiples visitas a los receptores de las circulares en Nueva York. "Estaba curioso de ver si alguien sugeriría un encuentro de nuestra "fracción". Pensaba secretamente que una tal propuesta sería una señal de que las "circulares" todavía tenían un sentido. (...) Nadie propuso un encuentro" (Jacoby, 1985, 164). Seis meses después, a los 48 años, falleció en Los Angeles preocupado por la evolución del psicoanálisis en los Estados Unidos.
Erich Lindemann
Psiquiatra de la Escuela Médica Harvard, trabajó en el Massachusetts General Hospital en Boston. De este autor proviene el primer estudio sistemático de la aflicción aguda (Symptomology and Managemet of Acute Grief”, 1944), basado en sus observaciones de la aflicción de aquellos que perdieron familiares (101 personas evaluadas) en el desastre del "Coconut Grove Nightclub" en Boston, USA (se trató de uno de los primeros estudios científico-sociales de duelo realizados en los Estados Unidos). Debido a que fue el primero en señalar los síntomas del Síndrome de Estrés Post-traumático, es considerado el padre de la Intervención en Crisis (los modelos de intervención en crisis actuales derivan del tratamiento de estos pacientes). Él y Gerard Caplan fueron quienes mayoritariamente atendieron a las familias de los sobrevivientes.
El 28 de Noviembre de 1942 se reunieron un grupo de estudiantes de las Universidades de Harvard y Yale en el “Coconut Grove NightClub” del 1410s, en Boston (USA), para celebrar después de haber jugado un partido de fútbol americano entre ambas universidades. Durante tan concurrida reunión, se presentó un incendio en el que 493 personas de los allí reunidos perecieron, la mayoría de ellos estudiantes universitarios. Por aquel entonces fue el peor fuego de un solo edificio en la historia de los Estado Unidos.
Describió el curso clínico del duelo (fue el primero en sugerir que el duelo tenía unas fases o etapas), los síntomas mayores del "estrés somático" (fenómeno que ocurre en "oleadas" de 20 minutos a una hora, y consistentes en sensación de ahogo, opresión, necesidad de suspirar, una sensación de vacío en el abdomen, debilidad muscular y una intensa angustia subjetiva experimentada como tensión o dolor mental; tales oleadas pueden ser desencadenadas al oír hablar del muerto o recibir las condolencias), la preocupación con la imagen del difunto (que puede acompañarse de un ligero sentimiento de irrealidad), presencia de dolor somático, culpa, hostilidad, pérdida de los patrones usuales de conducta, asunción de síntomas o rasgos del difunto y la incapacidad para funcionar competentemente como ellos lo hacían previo a la muerte.
De igual forma, Lindemann describió tres pasos que los sobrevivientes deben realizar en su camino hacia la recuperación (trabajo de congoja): aceptar la pérdida como un hecho definido, adaptarse a la vida sin el difunto y el formar nuevas relaciones en el mundo, y exploró también las desviaciones del duelo, caracterizándolas en lo que el llamó "congoja mórbida o anormal", describiendo 9 rasgos de reacción excesiva o distorsionada del duelo. Para él, el duelo patológico no es diferente del duelo normal, es sólo una forma torcida del mismo.
Harry Stack Sullivan (1892-1949)
Nació el 21 de Febrero de 1892 en Norwich, N.Y., U.S.A. y murió el 14 de Enero de 1949 en Paris (Francia). Fue hijo único de una familia de inmigrantes irlandeses (un padre retirado y una madre infeliz que había abortado dos veces), católicos en medio de una comunidad protestante anticatólica y con inmensas diferencias sociales entre las familias de sus padres. Su único compañero era un muchacho 5 año mayor que él, de una granja vecina, y quién posteriormente se hizo psiquiatra; a qué grado influenció esto en su opción por la psiquiatría es desconocido. Por otra parte, se especula si todo lo que el vivió en su infancia de algún modo tuvo su expresión en el campo de psiquiatría, pues en este campo él hizo tantas innovaciones que todos los psiquiatras americanos han sentido su influencia. Sullivan completó la escuela secundaria y recibió una beca a la Universidad de Cornell, beca que posteriormente perdió en su segundo semestre en 1909 debido a no cumplir los requisitos. Abundantes rumores señalan que él tenía esquizofrenia, pero nunca se encontró ningún archivo de una hospitalización. En 1911 Sullivan se enrolló como estudiante en la Escuela de Medicina y Cirugía de Chicago y recibió su grado médico en 1916. Siguiendo su graduación, trabajó como un médico para varias empresas y compañías de seguros, la Guardia Nacional, el Ejército y en el futuro Gobierno Federal, mientras se especializaba en el tratamiento de la esquizofrenia. Su primer contacto serio con la psiquiatría ocurrió cuando él era un oficial de enlace entre la Administración de Veterano y el Hospital St. Elizabeths en Washington, D.C. Allí empezó a hablar con los pacientes y a asistir a las conferencias del Dr. William A. White (un importante psiquiatra y psicoanalista americano del momento), quienes le ayudaron a afianzar su trabajo en el Hospital Sheppard y Enoch Pratt, en Baltimore, lo que llegó a ser un punto de cambio en la carrera de Sullivan.
Estableció una muy buena reputación al tratar exitosamente a jóvenes con esquizofrenia; empezó a escribir y publicar, y para 1926, Sullivan tenía sus clases en la facultad, era director de investigación en su hospital, era activo en muchas sociedades psiquiátricas, y se hizo editor asociado del Periódico Americano de Psiquiatría. Por aquel entonces, se encontró con los doctores Edward Sapir, antropólogo cultural en la Universidad de Chicago, y Harold Lasswell, un científico político que enseñaba allí también; ambos doctores, y otros hombres de su época, ejercieron una gran influencia en Sullivan sobre la importancia de la sociología para la psiquiatría. En 1931 se trasladó a la ciudad de Nueva York donde desarrolló una gran consulta ambulatoria, muy lucrativa, y recibió 300 horas de análisis personal de parte de la Dra. Clara Thompson, quien había trabajado con Ferenczi. Sullivan se metió de lleno en el movimiento psicoanalítico, si bien se desencantó cada vez más de la teoría Freudiana. En 1936, en unión a William A. White y otros disidentes, ayudó a fundar la Escuela de Psiquiatría de Washington, y el Periódico de Psiquiatría. En este momento, sus ideas sobre la importancia de la sociología en la psiquiatría empezaron a tomar forma y fueron la base para sus formulaciones de la teoría interpersonal. De nuevo en Washington en 1939, a los 47 años, Sullivan se consagró a la práctica privada, a entrenar a los estudiantes y a escribir. Cuando la II Guerra Mundial terminó, pensó que sus puntos de vista sobre las relaciones interpersonales podrían contribuir a evitar los conflictos futuros entre las naciones y el riesgo de una nueva guerra. En colaboración con Dr. Brock Chisholm, psiquiatra canadiense y director posterior de la Organización Mundial de la Salud, puso estas ideas en práctica: así nació la Federación Mundial para la Salud Mental.
Uno puede preguntarse por la fuente de motivación en Sullivan, un hijo único, un joven de quien se decía era homosexual, que no sabía manejar el dinero (pidió prestado a sus colegas en varias ocasiones y se declaró en quiebra dos veces en los años 30), que andaba, según se especulaba, especialmente en sus años tempranos, muy “suelto con la verdad”, un fracaso en la universidad y un graduado medio que tenía una carrera médica apagada hasta el contacto inesperado con la psiquiatría ocurrido a la edad de 30 años. En los siguientes 27 años, y hasta su muerte, logró que la psiquiatría americana alcanzara un gran estatus nacional e internacional y llego a ser el fundador de la Escuela de Psiquiatría Interpersonal. Decía uno de sus biógrafos: Yo oí hablar primero de este psiquiatra americano a mis padres, quienes habían estado en un grupo de discusión de barrio con uno de sus seguidores, Bob Kvarnes, que se presentó como un psiquiatra, pero –decía- “yo no soy un Freudiano, yo soy un Sullivaniano". Se decía que Sullivan “había sido amado y odiado con igual intensidad,… que era la cosa más parecida a un genio que alguien hubiera visto alguna vez…”. Al final de su vida, Sullivan se volvió de algún modo de nuevo a la Iglesia, intuición que queda de algún modo reflejada en la forma en que él manejó un entierro católico al que se oponían muchos o la mayoría de sus colegas psiquiatras. Pocos psiquiatras pueden poner en tela de juicio el carisma de Harry Stack Sullivan, los salientes rasgos de la vida e historia de este hombre famoso y enigmático que ha influido en la psiquiatría americana de tantas maneras.
Sullivan murió a los 57 años, posiblemente de ataque cardíaco, en un cuarto de un hotel en París, en 1949, mientras asistía a una conferencia relacionada con su trabajo internacional.
Su trabajo
Es considerado el máximo representante de la escuela interpersonal previa a la creación de la IPT. Sullivan construye un modelo especial, pues defiende el paradigma interpersonal, quedándose siempre en el marco de la psiquiatría. Mientras algunos autores suele incluirse dentro del culturalismo americano, Harry Stack Sullivan nunca deja de ser un psiquiatra que se hace preguntas clínicas y que ve las respuestas principalmente en lo psicosocial. Sullivan creía que todo el desarrollo podía describirse exclusivamente en términos de las relaciones con los demás. Los distintos tipos de personalidades, así como los síntomas neuróticos, se explican como resultado del combate contra la ansiedad que nace de las relaciones con los demás, actuando como un sistema de seguridad que se mantiene con el propósito de mitigarla.
Una de sus mayores contribuciones a la psiquiatría fue desplazar el movimiento psiquiátrico fuera del modelo Freudiano de encajar todo las dificultades en un solo modelo de sexualidad perversa. Sullivan, en cambio, veía a su cliente como una persona con problemas, sobre todo en las relaciones interpersonales, problemas como los que todos tenemos, mientras daba énfasis a la naturaleza absolutamente humana de varios tipos de los desórdenes mentales. Como se ha mencionado, fue el primero en trabajar con éxito con esquizofrénicos, y tenía muchas críticas del acercamiento Freudiano a esta enfermedad. Aunque se había especializado en psicoanálisis en los Estados Unidos, pronto se alejó de las creencias psicoanalíticas específicas, no obstante retener muchos de los conceptos centrales de Freud. Debido a que Sullivan se enfocó más en los aspectos sociales de personalidad, así como en las representaciones cognoscitivas, esto lo llevó fuera del desarrollo psicosexual de Freud y más hacia un acercamiento más ecléctico.
Freud creía que la ansiedad era un aspecto importante en su teoría porque representaba el conflicto interior entre la identificación y el superego. Sullivan, sin embargo, solo vio la ansiedad como resultado de las interacciones sociales. Él describió las técnicas -mecanismos de la defensa- que las personas usan para reducir la ansiedad social; la falta de atención selectiva era uno de tales mecanismos. Según Sullivan, las madres muestran su ansiedad sobre niño que crían de varias formas; el niño, mientras no tiene ninguna forma de tratar con esto, siente también la ansiedad de ella. Ante esta situación, la falta de atención selectiva es rápidamente aprendida, y el niño empieza a ignorar o rechazar la ansiedad o cualquier interacción que podrían producir estos sentimientos incómodos; de igual forma, los adultos usamos esta técnica para enfocar a nuestras mentes fuera de las situaciones estresantes.
Sullivan es considerado un neo-freudiano, y durante los 1930 y 40 desarrolló su propia teoría de la personalidad, teoría que se enfocó, como se ha señalado, en las relaciones interpersonales. Para Sullivan, la personalidad se define como “el modelo relativamente estable de situaciones interpersonales recurrentes que caracterizan la vida de una persona”. Para él, la personalidad siempre es interpersonal, y estas interacciones pueden llevarse a cabo con las personas del pasado como del presente, pueden ser reales o ficticias. Estas interacciones influyen en los pensamientos, sentimientos y conductas de la persona poderosamente. Así, dos de los factores principales en la teoría de Sullivan son el concepto del ego y el papel que la ansiedad juega en el desarrollo y mantenimiento de la personalidad.
Sullivan definió el dinamismo como “la tendencia básica de la conducta, como un hábito en la contestación a las interacciones sociales particulares”. Un ejemplo de este dinamismo sería la timidez, si la persona permaneciera callada en una gran variedad de situaciones. Sullivan mantuvo que el dinamismo más extenso está en el ser mismo (self), lo que Sullivan llamó el sistema-mismo (self-system). El ego específicamente, y los dinamismos en general, son sistemas de pensamiento e integración de las conductas. El “self-system” de Sullivan es similar al concepto de Freud del ego y los mecanismos de defensa del ego. Para Sullivan, su desarrollo en la infancia y la niñez temprana ayudan a mantener la seguridad y reducir la ansiedad. De igual forma que obran los mecanismos de defensa del ego, la función principal del self-system es minimizar la experiencia de ansiedad. Sullivan pensaba que la ansiedad proviene principalmente de las fuerzas sociales externas, más que de los conflictos inconscientes dentro del ego. La ansiedad empieza a formar parte de la relación entre el infante y la madre cuando los sentidos infantiles captan la ansiedad de ésta. El niño empieza entonces el proceso de escudar su self de la ansiedad formando el self-system. Las estrategias en el self-system pueden variar, pero la meta universal es la reducción de ansiedad. Una persona podría escudar su self perfectamente de la ansiedad, pero para hacerlo tendrían que abandonar las relaciones íntimas. Al mismo tiempo, sin embargo, Sullivan también creyó que los humanos se esfuerzan mucho para lograr la intimidad y la sexualidad. De esta forma, una de las tareas del adulto es equilibrar estos dos deseos. Sullivan supuso que los humanos desarrollan otros “systems” para equilibrar el self-system y reducir la ansiedad. Sullivan llamó a éstos “personificaciones”, aproximadamente equivalentes al “mi mismo-como-mi”. Las personificaciones provienen de interacciones entre la persona y otros e incluyen aspectos evaluadores.
Las personificaciones
A través de las interacciones sociales y nuestra atención selectiva o falta de atención, desarrollamos lo que Sullivan llamó “personificaciones de nosotros y otros”. Mientras los mecanismos de defensas pueden ayudar a menudo a reducir la ansiedad, lo cierto es que también pueden llevar a una mala percepción de la realidad. De nuevo, Sullivan cambia su enfoque fuera de Freud y más hacia un acercamiento cognoscitivo a la comprensión de la personalidad. Estas personificaciones son imágenes mentales que nos permiten entender bien a nosotros mismos y al mundo. Según Sullivan, hay tres maneras básicas en que nos vemos: el mal-yo, el buen-yo y el no-yo. El mal-yo representa esos aspectos del ego que son considerados negativos y está por consiguiente oculto de otros y posiblemente incluso del propio ego. La ansiedad que sentimos es a menudo el resultado del reconocimiento de esa parte defectuosa en nosotros, como cuando nos revuelca un momento penoso o la culpa por la re-experimentación de un acto del pasado. El buen-yo es todo lo que nos gusta de nosotros, representa la parte que compartimos con otros y que a menudo ponemos delante pues no produce ningún tipo de ansiedad. La parte final de nosotros, el no-yo, representa todas esas cosas que provocan tanta ansiedad en nosotros que no podemos ni siquiera considerarlas como una parte de nosotros mismos; se llevan nuestro mayor esfuerzo por evitarlas, se entierran en lo más profundo del inconsciente.
Épocas del desarrollo
Una gran similitud entre la teoría de Sullivan y la Freud es la creencia de que las experiencias de la niñez determinan, a un nivel muy grande, la personalidad adulta, y que a lo largo de nuestra niñez la madre juega el papel más significativo. Por su parte, Sullivan llamó las fases en su teoría del desarrollo como “épocas”; según él, nosotros atravesamos estas fases en un orden particular, no obstante, la oportunidad de que suceda así depende en parte del entorno social. Es más, mucho del enfoque central en la teoría de Sullivan gira alrededor de los conflictos de la adolescencia: “muchos de los problemas de la madurez se levantan del tumulto de nuestra adolescencia”.
Sullivan teorizó que la personalidad se desarrolla con el tiempo, en fases, como Freud y Erickson: “Si estas fases se completan con éxito, el individuo ha preparado para formar relaciones más íntimas y complejas en la madurez”. La propuesta de Sullivan de una teoría interpersonal, de fases o estados, se anticipa pues a la teoría de Erickson.
G. L. Engel (1914-1999)
George Engel comenzó su carrera bajo la larga sombra su famoso tío el Dr. Emanuel Libman (la L en George L. Engel); creció en su casa con el terror que él podría algún día avergonzar a su “Tío Manny; a la edad de dieciséis años, en 1930, entró a estudiar en el Colegio Dartmouth bajo una notable influencia de las teorías de Jacques Loeb; allí trabajó con amebas y paramecia, tratando de duplicar los experimentos de Loeb. Con el mismo espíritu materialista y antimístico, Engel escribió su primer artículo en el colegio llamado “El pensamiento como un producto del metabolismo cerebral. Siendo muy jóven, obtuvo lo que en aquel tiempo era una posición muy rara para un estudiante universitario de colegio, un puesto de investigación en el Laboratorio Biológico Marítimo de Woods Hole, donde trabajó estrechamente con Ralph Gerard, profesor de fisiología en la Universidad de Chicago y uno de los pioneros de la neuroquímica; este fue el primer proyecto principal de Engel y que condujo a su primera publicación en 1935, a la edad de 21 años: se trataba de un estudio sobre la distribución de compuestos de fósforo orgánicos en los músculos de invertebrados marítimos. Después de Dartmouth, Engel asistió a la Facultad de Medicina Johns Hopkins. Durante sus años preclínicos, Engel era, de hecho, una celebridad científica.
Después de su graduación en la Facultad de Medicina en 1938, Engel comenzó su postgrado en el Mount Sinai Hospital en la Ciudad de Nueva Cork, donde su tío Manny Libman era médico consultor hasta su muerte en 1946. Allí fue notablemente influenciado por su jefe de medicina, el Dr. Eli Moschowitz, figura importante por aquel entonces de la “onda” psicosomática, si bien Engel inicialmente permaneció escéptico y distante. En 1940 publicó en el Diario de la Asociación Médica Americana el artículo “El estudiante médico antes y después de la graduación”, en la cual él intencionadamente decía a su auditorio de estudiante que “los factores sociales y psíquicos desempeñan un papel en cada enfermedad, pero en muchas condiciones ellos representan influencias dominantes” y que “los factores mentales representan una fuerza tan activa en el tratamiento de pacientes como los agentes químicos y físicos.” Trabajo muy de la mano con John Romano (fundador del Departamento de Psiquiatría de la Universidad Rochester) y se trasladó con éste a Cincinnati en 1942; allí se dío uno de los acontecimientos más importantes en su vida: el abandono de su resistencia a los factores psicológicos en la medicina (en parte gracias a la ayuda de Rosenbaum). Años después, en 1946, se trasladaría a Rochester con Romano, como profesor de ayudante de psiquiatría y medicina, lugar donde se convirtió al psicoanálisis (su análisis personal fue con Sandor Feldman en 1946); continuó su formación en Chicago, en el Instituto para el Psicoanálisis dirigido por Franz Alexander, donde aprendió lo último de la teoría psicoanalítica y psicosomática que con impaciencia incorporó en su trabajo
En 1954 fue elegido presidente de la Sociedad Americana de Psicosomática. Por entnces, Engel emprendió un nuevo programa ambicioso de investigación en tres áreas: colitis de ulcerativa, dolor psicógeno y depresión y secreción gástrica en un niño con una fístula gástrica (“Monica”). Cuando los años setenta se desplegaron, notables cambios alcanzaron varios campos principales de la medicina, y estos cambios tenían efectos importantes en trabajo de Engel. El más considerable fue la decadencia rápida del psicoanálisis (que realmente comenzó en los años sesenta), la subida de las neurociencias y el avance general de una nueva psiquiatría biológica agresiva. Con los cambios en marcha de los años setenta, Engel comenzó a apelar a un nuevo modelo como alternativa al estrecho y restrictivo reduccionismo biomédico de aquel entonces y que se había hecho dominante en la medicina, modelo conocido como “biopsicosocial” (acercamiento tanto al paciente como del estudiante de medicina). Engel murió el 26 de noviembre de1999 a la edad de 85 años.
Engel levanta la polémica relacionada con la posibilidad de considerar al duelo como una enfermedad (1964). Contribuye de forma notable a la literatura del duelo con su interpretación de la aflicción desde el punto de vista de dos modelos biológicos primarios de respuesta al peligro y asociados con la pérdida de objeto. Engel propone que el SNC está organizado mediante dos patrones opuestos de respuesta: (1) Reacción de lucha-huida (fight-flight reaction"), considerada como el fundamento biológico de la ansiedad y que tiene como propósito preparar al organismo para un esfuerzo físico vigoroso y protegerle contra el trauma físico y Sistema de conservación-retirada ("The Conservation-Withdrawal System"), considerado como el fundamento biológico de la depresión y el aislamiento. Este sería un estado adaptativo en el que se favorece el reposo del organismo físicamente enfermo, permitiendo la subsecuente recuperación y supervivencia.
Según Engel, el duelo debe así ser considerado una enfermedad desde el punto de vista de que "lo patológico" se refiere a un "cambio de estado" y no al hecho de la respuesta. Consecuente con su teoría, divide el duelo en 6 estados o fases:
1. Shock e incredulidad: Aturdido en principio, el deudo necesita tiempo para procesar el hecho de la muerte.
2. Desarrollo de la conciencia de pérdida: El patrón de lucha y huida es activado en términos de impulsos emocionales; llanto, rabia, irritabilidad y culpa como formas comunes de manifestar la angustia.
3. Restitución: Los rituales de luto sirven para mantener a la familia y amigos juntos en su esfuerzo de apoyo. El proceso de recuperación se iniciaría cuando la realidad de la pérdida es reconocida. La religión y las creencias espirituales proporcionarían un sentido de paz cuando las expectativas de reunión después de la muerte son enfatizadas.
4. Resolución de la pérdida: El aislamiento de otros permitiría que el trabajo del duelo tuviese lugar, y al mismo tiempo permitiría conservar la energía. Al utilizar el reposo, el deudo sería capaz de recuperar fuerzas y moverse hacia una curación más saludable ("The Conserva tion-Withdrawal System").
5. Idealización, que ayudaría a reprimir sentimientos negativos hacia el difunto.
6. Resultado: El proceso total del duelo tomaría 1 año o más de duración. Para Engel, el grado de culpa, ambivalencia, dependencia, la edad y el número de pérdidas previas afectarían el resultado y el tiempo empleado en la resolución del duelo.
Además de la polémica desatada con su interpretación del duelo como un clásico modelo de enfermedad, con Engel, y posteriormente con Parkes, se afianza la teoría biológica del duelo. Años más tarde, Hofer, utilizando los síntomas psicológicos y conductuales descritos por Lindemann y la teoría de los apegos descrita por Bowlby, presenta su "perspectiva psicobiológica" del duelo; Hofer vio las uniones de apego como resultantes de interacciones sociales que sirven como importantes reguladores de sistemas biológicos internos a todo lo largo de la vida. Los síntomas fisiológicos y conductuales de la aflicción, especialmente los crónicos, opuestos a las oleadas agudas de malestar, representarían el retiro de reguladores internos que fueron el resultado de interacciones constantes y emocionalmente significativas con un individuo con el que había un apego significativo.
G. Pollock
Su teoría se basa en un proceso ego-adaptativo donde el deudo lucha por renovar un balance interno mientras se readapta a un entorno amenazante. En su opinión, el proceso del duelo consta de los siguientes componentes:
A. Fase aguda:
1. Shock: Trastorno inicial del equilibrio del ego, caracterizado por quejidos, lamentos y desmayos.
2. Aflicción propiamente dicha: Se crea un "dolor psíquico" explicado por la "hipótesis del edema" (abultamiento del ego por la excitación secundaria y la incapacidad para descargar la energía debido a la pérdida del objeto) y la "hipótesis de la avulsión" (empobrecimiento del ego). Cuando esto sucede, el único camino es aislarse, retirarse y conservar la energía.
3. Separación: Renuncia al difunto. Sin embargo, si el deudo continúa manteniendo una introyección con el difunto (una comunicación secreta), la resolución del duelo puede verse aplazada.
B. Fase crónica o de reparación:
Proceso de adaptación sin la persona amada en el cual se intenta mantener la fidelidad del equilibrio psíquico interno. Sin embargo, debido a que el deudo encara varias pérdidas secundarias como resultado de la muerte -grupo social, posesiones, etc.-, nuevos duelos son agregados, pudiendo sobrecargar al deudo y hacer la reparación más difícil.
C.M. Sanders
Utilizando como base las teorías de los autores precedentes, y su propia investigación empírica ("The Tampa Bereavement Study"), construye su "Teoría integrativa del duelo". El elemento central de esta teoría es el hecho de que cada fuerza psicológica que opera durante el proceso tiene también un fundamento biológico que determina el bienestar físico del individuo; tiene en cuenta factores de la personalidad que influyen en los patrones del duelo, y considera además variables "moderadoras internas" (edad, fuerza del ego, sexo, apego al difunto, relaciones de ambivalencia y dependencia, funcionamiento físico actual) y "externas" (sistemas de apoyo social, circunstancias y características de la muerte y del muerto, situación socio-económica, religiosidad, muerte estigmatizante, crisis concurrentes). Por otra parte, aporta el concepto de "motivación"; esto es, lo que hace que el deudo se mueva de una fase a la otra a pesar de lo doloroso del asunto.
Como otros autores, divide la aflicción en fases - cada una con un grupo de respuestas orientativas - cuya dinámica no representa un patrón inflexible. Por el contrario, el deudo se movería hacia adelante y hacia atrás cuando las circunstancias o la necesidades lo requieran, y ocasionalmente permaneciendo en una fase y otra por algún tiempo.
Sanders ve el duelo como un estado de progresión hacia la resolución y homeostásis, como adaptativo más que debilitativo, como crecimiento más que regresión. El "continuum" del duelo variaría desde "mucho", "muy largo", hasta "poco", "muy corto".
La decisión de sobrevivir no es, sin embargo, el final de este proceso; sólo cuando el individuo ha alcanzado un nuevo nivel de funcionamiento, incorporando los cambios necesarios, se puede decir que ya está listo para empezar de nuevo - resolución del duelo -, una nueva persona, una nueva vida. La duración total de la congoja, propia para cada individuo y sujeta a diversas variables, tomaría habitualmente hasta 3-4 años.
Las 5 fases descritas por Sanders, cada una con sus propias características, síntomas físicos y aspectos psicológicos particulares, permiten al clínico orientar su aproximación y situar al deudo en la dinámica del duelo. La flexibilidad de su postura y la comprensión integral de sus conceptos hacen de esta un instrumento útil a toda aproximación al seguimiento de la aflicción.
C.M. Parkes
MD, FRCPsyche, es consultante honorario del San Christopher`s Hospice y Psiquiatra consultor en el Joseph`s Hospice, Hackney. Trabajó 13 años con John Bowlby en el Tavistock Institute. Es autor de numerosos estudios en duelo y presidente del Cruse Bereavement Care, la más importante organización de voluntariado en el Reino Unido para la atención de personas que pierden seres queridos.
Para este autor, el duelo se asemeja a un trauma físico más que a cualquier otro tipo de enfermedad, y considera al duelo como un estresante mayor que tiene profundas implicaciones sobre la salud (lo que dio pié a que Elliot y Eisdorfer y Osterweiss y Colb. examinen posteriormente el duelo desde el punto de vista de la "teoría de crisis". Por otra parte, ya Holmes y Rahe habían considerado la pérdida del cónyuge como el evento que produce más cambios en la vida adulta). Según Parkes, el superviviente se encuentra en un estado de enorme excitación durante mucho tiempo, que en ocasiones se aproxima al pánico.
Las diferencias individuales hacen que las respuestas a la pérdida sean algunas veces "estresor-específicas" (muerte súbita/muerte anticipada) y algunas otras "sujeto específicas" (individuo predispuesto al estrés). En ambos casos, la situación de pérdida amenaza la seguridad del individuo por lo que la persona activa un sistema de alarma (reacción "fight- flight" de Engel). Esta alarma es la respuesta inicial característica para el superviviente cuando una persona emocionalmente significativa de su entorno ha muerto. En su opinión, la resistencia al cambio, la renuencia a ceder posesiones, personas, "status", expectativa, etc., sería la base del duelo (perspectiva que recuerda el modelo psicodinámico propuesto por Freud). De igual forma, las respuestas aprendidas en pérdidas pasadas influencian la respuesta a pérdidas futuras. Para este autor, el proceso de reordenar nuestras suposiciones y creencias del mundo para adoptar un nuevo marco de cambios sería el proceso del duelo.
Parkes describe 4 fases del duelo y establece que cada uno de estos estados representa ciertas cualidades del proceso de la aflicción que, más que fijas e inalterables, involucran una sucesión de cuadros clínicos que se solapan y reemplazan unos con otros. La vulnerabilidad individual es especialmente notable en cuanto a la intensidad de su efecto y la duración del duelo.
John Bowlby (1907-1990)
Médico psicoanalista inglés que propuso su teoría sobre el apego a partir de su trabajo clínico, inicialmente, y antes de graduarse, como voluntario en una escuela a la que asistían niños con desajustes emocionales agudos, observaciones que en principio le convencieron acerca de la importancia de los vínculos familiares y de la necesidad de involucrar a los miembros de la familia en el abordaje terapéutico de esos niños, y posteriormente – tras la Segunda Guerra Mundial (1945) - ya como Jefe del Departamento de Niños de la Clínica Tavistock, en Londres, donde pudo crear su propia unidad de investigación centrada en el estudio de las relaciones familiares y las consecuencias de las disrupciones en los vínculos madre-hijo (Brenlla, M.E., Carreras, M.A. y Brizzio, A.: Evaluación de los estilos de apego en adultos. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, 2001; Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969).
Alejándose de los planteamientos teóricos psicoanalíticos que habían hasta entonces (se consideraba que el estrecho vínculo afectivo que se establecía entre la madre y el bebé se fundamentaba básicamente en el amor interesado o teoría del impulso secundario), Bowlby elaboró una elegante teoría desde el marco de la etología. Debido a que sus ideas no fueron inicialmente bien recibidas, especialmente por sus supervisores psicoanalíticos Melanie Klein y Joan Riviere, decidió acercarse a colegas que realizaban investigaciones en otras ramas de la ciencia, especialmente en etología (su teoría muestra una indudable orientación etológica al considerar el apego entre madre e hijo como una conducta instintiva con un claro valor adaptativo), biología, el procesamiento de la información, la psicología evolutiva, cognitiva y social, la neurobiología, la teoría sistémica y el mismo psicoanálisis. Sin embargo, su concepción de la conducta instintiva iba más allá de las explicaciones que habían ofrecido etólogos como Lorenz, con un modelo energético-hidraúlico muy en consonancia con los antiguos postulados de la física mecánica. Basándose en la teoría de los sistemas de control, Bolwlby (1969) planteó que la conducta instintiva no es una pauta fija de comportamiento que se reproduce siempre de la misma forma ante una determinada estimulación, sino un plan programado con corrección de objetivos en función de la retroalimentación, que se adapta, modificándose, a las condiciones ambientales (Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969; Oliva Delgado, A. (2004): Estado actual de la teoría del apego. Revista de Psiquiatría y de Psicología del Niño y del Adolescente, 4 (1); 65-81)
En los orígenes de la teoría del apego, Bowlby, tomó los estudios de Harlow, Spitz sobre el hospitalismo y de Lorenz sobre la impronta (García Losa, E.: Vínculo, ruptura y depresión infantil: de los modelos clásicos al constructo de afectividad negativa. INTERPSIQUIS, 2005; Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969), y colaboró con su colega John Robertson en la recolección de datos sobre los efectos de la hospitalización en el desarrollo psíquico de los niños, trabajo que daría paso a sus hallazgos más significativos (Bowlby y Robertson describieron una secuencia de tres fases en la conducta de los niños de entre 15 y 30 meses de edad, criados por sus madres en forma exclusiva y que por primera vez debían temporalmente separarse de ellas y pasar un período en una institución).
Estas “separaciones temporarias” que sufren algunos niños, generalmente por causa de fuerza mayor, fueron tomadas por Bowlby como el paradigma del estudio de campo para la observación de los efectos de éstas sobre los niños en su primera infancia (García Losa, E.: Vínculo, ruptura y depresión infantil: de los modelos clásicos al constructo de afectividad negativa. INTERPSIQUIS. 2005; Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969).
En 1944 reporta sus primeros estudios relacionados con el apego (Díaz Atienza, J.: Apego y Psicopatología en la infancia. Facultad de Medicina de Granada. Diciembre, 2003); inicialmente lo hace en jóvenes delincuentes, quienes presentaban como antecedente -hasta en un 40% de los casos- alteraciones en los cuidados maternos (falta de oportunidad para formar el lazo materno-infantil en los tres primeros años de vida, carencia emocional o falta de amor de la madre durante un período limitado de 3 a 6 meses en los dos primeros años de vida y cambios de figura materna durante el mismo período) entre los 6 meses y 5 años de edad. Estos hallazgos confirman sus sospechas respecto a que estas dificultades en los cuidados podrían generar una alteración de la personalidad, personalidad que describe como “exenta de ternura”, y que se caracteriza por:
1. Relaciones humanas superficiales.
2. Carencia de sentimientos e imposibilidad para formar nuevas amistades.
3. Inaccesibilidad.
4. Falta de respuesta emocional apropiada acompañada de despreocupación.
5. Engaño, mentira y evasión, frecuentemente sin sentido.
6. Frecuentemente presencia de conductas agresivas que se presentan desde la formas más ligeras de negativismo o burla, hasta las más severas de delincuencia.
7. Con frecuencia presencia de un amplio círculo de pseudoamigos.
8. Con frecuencia despiertan agresividad en quienes los cuidan.
9. La actividad en grupo está limitada por la imposibilidad de soportar frustración de estos niños.
10. Marcada distraibilidad.
11. Posibles actos de tipo antisocial como resultado de las características antes mencionadas.
En 1946 describe tres fases en la separación del niño de su cuidador primario: fase de protesta (se asusta, grita y llora), con conductas innatas y lucha por restablecer la proximidad; fase de separación o indefensión aprendida, con pérdida de interés por el medio, problemas psicosomáticos y anorexia, y fase de desapego, en donde el niño abandona las conductas de búsqueda y parece olvidarse al precio de la indiferencia afectiva. Para 1946 ya diferencia “función del apego” (adaptativa y de protección) de “conducta de apego” (integrada en un sistema más general que escapa a la leyes generales del aprendizaje; existe un periodo sensible para que se de, no necesita del refuerzo y hay resistencia a la extinción en ausencia del refuerzo); también es durante este período en que describe las etapas del desarrollo del apego: a) fase de pre-apego (antes de los dos meses, presencia de conductas diferenciadas); b) fase de apego en construcción (de los 2 a los 7 meses, existe diferencia de fines y medios, diferencia a las personas y es posible sustituir la figura de apego); c) fase de apego (se da a partir de los 7 meses y ya la separación no es posible; se empiezan a producir síntomas de ansiedad ante la separación. La figura de apego se representa como figura total; aparte de la figura total, pueden existir figuras secundarias); el niño puede intentar influir sobre la figura de apego (pertenencia ajustada).
En 1954, Bowlby, a partir del resultado de sus investigaciones y en su informe para la OMS, recomienda: “Es esencial para la salud mental que el bebé y el niño pequeño tengan una relación íntima, cálida y continuada con su madre en la que los dos encuentren alegría y satisfacción” (Garelli, J.C. Montuori, E.: Vínculo afectivo materno-filial en la primera infancia y teoría del attachment. Arch. Arg. Pediatr, 1997, vol. 95:122-126; Cano de Escoriaza, J.: El apego, factor clave en las relaciones interpersonales, INTERPSIQUIS. 2001; García Losa, E.: Vínculo, ruptura y depresión infantil: de los modelos clásicos al constructo de afectividad negativa. INTERPSIQUIS. 2005). Sin embargo, es en 1958 (su primera formulación sobre la teoría del apego la realizó en su trabajo “La naturaleza del vínculo que el niño tiene con su figura de apego”, de 1958) cuando Bowlby plantea una hipótesis que difiere por completo de las anteriores teorías (teoría del impulso secundario, teoría de succión del objeto primario, teoría del aferramiento a un objeto primario y teoría del anhelo primario de regreso al vientre materno) que en la literatura psicoanalítica y en las obras de psicología en general se venían defendiendo: postula que el vínculo que une al niño con su madre es producto de una serie de sistemas de conducta, cuya consecuencia previsible es aproximarse a la madre.
Bowlby señala que los lazos afectivos entre los niños y quienes les cuidan y protegen tienen una base biológica que debe ser analizada en el marco de un contexto evolucionista. Los recién nacidos se comportan de una manera que asegura el acercamiento a adultos protectores; las condiciones que amenazan las posibilidades de salud y sobrevivencia ponen en juego los comportamientos de apego. La teoría sobre el apego se focaliza entonces en el estudio de los procesos a través de los cuales niños desarrollan sentimientos de confianza en la protección paterna y/o adulta (Brenlla, M.E., Carreras, M.A. y Brizzio, A.: Evaluación de los estilos de apego en adultos. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, 2001; Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969). En su trabajo, Bowlby sustituye la noción de energía libidinal y la necesidad de descarga –propuesta por Freud sobre la base de una neurofisiología del siglo XIX- por un nuevo sistema que pone énfasis en los vínculos tempranos, en la ansiedad de separación, en el duelo y en el trauma infantil (Cano de Escoriaza, J.: El apego, factor clave en las relaciones interpersonales, INTERPSIQUIS. 2001).
Más tarde, en 1968, Bowlby define la conducta de apego como cualquier forma de comportamiento que hace que una persona alcance o conserve proximidad con respecto a otro individuo diferenciado y preferido. Plantea que como resultado de la interacción del niño con el entorno y, en especial con la principal figura de ese ambiente (la madre), se crean determinados sistemas de conducta que son activados en la conducta de apego (Rosas Mundaca, M., Gallardo Rayo, I. y Angulo Díaz, P.: Factores que influyen en el apego y la adaptación de los niños adoptados. http://www.ucrania.galeon.com/apego_adopcion.pdf). Para Bowlby, estos sistemas de comportamiento son característicos de cada especie, se organizan en torno al cuidador primario y le sirven al niño para unirse a él; esta conducta tiene como objetivo asegurar su protección y supervivencia (Zan, F.: Avances de la investigación “Relación entre vínculo temprano y trastornos psiquiátricos. http://www.enduc.org.ar/comisfin/ponencia/106-11.doc); además, considera que los sistemas de apego infantiles son similares, en su naturaleza, a los que más tarde se ponen en juego en las relaciones amorosas y, en realidad, señala pocas diferencias entre las relaciones cercanas, sean éstas entre padres e hijos o entre pares (Brenlla, M.E., Carreras, M.A. y Brizzio, A.: Evaluación de los estilos de apego en adultos. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, 2001). Así, el apego es una conducta instintiva, activada y modulada en la interacción con otros significativos a lo largo del tiempo (Yárnoz, S., Alonso-Arbiol, I., Plazaola, M. y Sainz de Murieta, L.M.: Apego en adultos y percepción de los otros. Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea. Anales de psicología 2001, vol. 17, n°2, diciembre, 159-170; Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969).
El surgimiento de la teoría del apego puede considerarse sin ninguna duda uno de los hitos fundamentales de la psicología y la tanatología contemporánea.
El modelo de Bowlby
“El apego se mantiene en el individuo de la cuna a la tumba”
Bowlby parte del supuesto de que la conducta de apego se organiza utilizando para ello sistemas de control propios del sistema nervioso central, al que se le ha atribuido la función de protección y supervivencia; se trata pues de una conducta instintiva. Existe la tendencia a responder conductual y emocionalmente con el fin de permanecer cerca de la persona que cuida y protege de toda clase de peligros (si bien, el apego, a medida que se crece, no se queda solo en esto); y aquellos que poseen estas tendencias tienen más probabilidades de sobrevivir y de poder traspasar dichas tendencias a generaciones posteriores (Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969; Valdés Sánchez, N. (2002): Consideraciones acerca de los estilos de apego y su repercusión en la práctica clínica. V Congreso Sudamericano de Investigación en Psicoterapia Empírica y III Encuentro Psicoterapéutico, organizado por la Society for Psychotherapy Research, el Comité de Psicoterapia de la Sociedad Chilena de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía, y la Sociedad Chilena de Psicología Clínica. Realizado del 8 al 11 de agosto de 2002: Reñaca, Viña del Mar). De acuerdo con Bowlby, “la teoría del apego es una forma de conceptualizar la propensión de los seres humanos a formar vínculos afectivos fuertes con los demás y de extender las diversas maneras de expresar emociones de angustia, depresión, enfado cuando son abandonados o viven una separación o pérdida”. El apego es el vínculo afectivo que se infiere de una tendencia estable a buscar la proximidad, el contacto, etc., activada y modulada en la interacción con otros significativos a lo largo del tiempo. Subyace a las conductas que se manifiestan, no de una forma mecánica sino en relación con otros sistemas de conducta y circunstancias ambientales (Cano de Escoriaza, J.: El apego, factor clave en las relaciones interpersonales, INTERPSIQUIS. 2001; Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969).
Bowlby definió la conducta del apego o “attachement” como cualquier forma de conducta que tiene como resultado el logro o la conservación de la proximidad con otro individuo y vínculo de apego con otro individuo claramente identificado al que se considera mejor capacitado para enfrentarse al mundo. El apego que tiene un individuo hacia otro significa que está dispuesto a buscar proximidad y contacto con ese individuo, y lo hace especialmente en circunstancias específicas (especialmente cuando la persona está enferma o asustada): “la conducta de apego es una forma fundamental de conducta con una motivación distinta de la alimentación y el sexo”. Dicha conducta puede manifestarse de diferentes maneras, en diferentes circunstancias y con diferentes individuos; como núcleo de la teoría se encuentra la reciprocidad de las tempranas relaciones, la que es una pre-condición del desarrollo normal probablemente en todos los mamíferos, incluyendo a los humanos (Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969; García Losa, E.: Vínculo, ruptura y depresión infantil: de los modelos clásicos al constructo de afectividad negativa. INTERPSIQUIS. 2005; Cano de Escoriaza, J., Gutiérrez Nieto, B.: La sensibilidad o accesibilidad materna, factor clave para el desarrollo de un apego seguro. INTERPSIQUIS. 2002).
La teoría del apego postula que las personas tienen una tendencia innata a buscar vínculos de apego, y cuyas funciones principales son tres:
1. La supervivencia de la especie
2. La protección
3. La satisfacción individual
Las conductas de apego del infante humano (p.ej., búsqueda de la proximidad, sonrisa, agarrarse y colgarse) son correspondidas con las conductas de apego del adulto (tocar, sostener, calmar) y refuerzan la conducta de apego del niño hacia ese adulto en particular.
Bowlby define el apego como un sistema de control, es decir, un mecanismo que adapta la conducta a la consecución de fines determinados por las necesidades del momento. Así, el deseo del niño de proximidad o contacto con la figura de apego no es constante, sino que depende de factores tanto endógenos como exógenos (p. ej., miedo del niño, enfrentar situaciones potencialmente peligrosas). Si el niño se siente amenazado, buscará la seguridad que le brinda la proximidad de su figura de apego; si no, se dedicará a explorar el ambiente (Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969; Yárnoz, S., Alonso-Arbiol, I., Plazaola, M. y Sainz de Murieta, L. M. (2001): Apego en adultos y percepción de los otros. vol. 17, nº 2, diciembre, 159-170). Así, la teoría del apego es una forma de conceptualizar la propensión de los seres humanos a formar vínculos afectivos fuertes con los demás y de extender las diversas maneras de expresar emociones de angustia, depresión, enfado cuando son abandonados o viven una separación o pérdida (Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969).
Cuando las personas nacen se apegan generalmente a las personas cercanas que cuidan de él (sus cuidadores primarios), normalmente la madre, aunque no necesariamente la madre biológica: “si no se desarrolla un vínculo de apego tempranamente los individuos son vulnerables a sufrir diferentes padecimientos”. Bowlby dirigió la atención hacia la ansiedad excesiva ante las separaciones como relacionada generalmente con experiencias adversas en la familia, tales como amenazas repetidas de abandono, o los rechazos de los padres, o la madre, o las enfermedades, o la muerte de los hermanos, de lo cual el niño se siente responsable. Además, relacionó las dificultades de apego al principio de la vida, así como el experimentar sucesivos desapegos, con dificultades en la vida adulta para formar nuevos vínculos de apego o la incapacidad de ser empático. Aunque no lo consideró como depresión infantil sino como una forma universal de duelo secundaria a la separación, otros autores lo postularon como un factor de riesgo para la depresión en niños, especialmente relacionada con el modo en como se establecen dichos vínculos (Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969; García Losa, E.: Vínculo, ruptura y depresión infantil: de los modelos clásicos al constructo de afectividad negativa. INTERPSIQUIS. 2005).
Las principales ideas de Bowlby sobre la influencia de la experiencia anterior vivida por el individuo en su adaptación a las circunstancias actuales se reflejan en el concepto de “developmental pathways” o recorridos evolutivos. Bowlby y otros investigadores como Sroufe, Main y Rutter (citados por Yárnoz Yaben, S.: Normalidad y patología: aportaciones de las teorías del apego. INTERPSIQUIS. 2003) expresan sus ideas sobre la normalidad y la patología, basándose en los siguientes puntos:
• No hay una forma única de normalidad, sino que hay diversas conductas que pueden ser consideradas como tales.
• Comenzar un camino desviado de la normalidad no determina el resultado final (la patología). Siempre existe la posibilidad de volver a la normalidad, o de desviarse aún más de ella, dependiendo de las circunstancias que rodean al individuo.
• Cuanto más tiempo se ha seguido por un camino desviado, más difícil resulta volver a la centralidad (normalidad).
Bowlby sugiere que la etiología de muchas de las neurosis infantiles está relacionada con la manera en que los niños son tratados por sus madres: “lo crucial es que la patología es siempre el resultado de una falla de cuidados maternos: separación y abandono en familias rotas; inestabilidad, hostilidad, abusos y comunicaciones ansiógenas en la familia intacta” (Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969; Cano de Escoriaza, J.: El apego, factor clave en las relaciones interpersonales, INTERPSIQUIS. 2001). Dicha patología es vista como una desviación en el desarrollo evolutivo del niño que refleja disturbios de su relación real con las personas significativas de su ambiente.
El modelo propuesto por Bowlby se basaba en la existencia de cuatro sistemas de conductas relacionados entre sí (Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969; Oliva Delgado, A. (2004): Estado actual de la teoría del apego. Revista de Psiquiatría y de Psicología del Niño y del Adolescente, 4 (1); 65-81):
1. El sistema de conductas de apego: hace referencia a todas aquellas conductas que están al servicio del mantenimiento de la proximidad y el contacto con las figuras de apego (sonrisas, lloros, contactos táctiles, etc.). Se trata de conductas que se activan cuando aumenta la distancia con la figura de apego o cuando se perciben señales de amenazas, poniéndose en marcha para restablecer la proximidad.
2. El sistema de exploración: está en estrecha relación con el anterior aunque muestra una cierta incompatibilidad con él pues cuando se activan las conductas de apego disminuyen las de exploración del entorno.
3. El sistema de miedo a los extraños: este sistema también muestra su relación con los anteriores, ya que su aparición supone la disminución de las conductas exploratorias y el aumento de las conductas de apego.
4. El sistema afiliativo: aunque entra en cierta contradicción con el miedo a los extraños, se refiere al interés que muestran los individuos, no sólo de la especie humana, por mantener proximidad e interactuar con otros sujetos, incluso con aquellos con quienes no se han establecido vínculos afectivos.
Por lo tanto, lejos de encontrarnos ante una simple conducta instintiva, que aparece siempre ante la presencia de un determinado estímulo o señal, el apego hace referencia a una serie de conductas diversas (en plural), cuya activación y desactivación, así como su intensidad y la morfología de sus manifestaciones, va a depender de diversos factores contextuales e individuales (Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969; Oliva Delgado, A. (2004): Estado actual de la teoría del apego. Revista de Psiquiatría y de Psicología del Niño y del Adolescente, 4 (1); 65-81). Así, el sistema de apego se mantiene activo durante todo el tiempo y está continuamente monitorizando el ambiente y la disponibilidad de figuras de apego.
Modelos Internos de Trabajo (Internal Working Model)
El Sistema Comportamental de Apego es un sistema de control motivacional-conductual, evolucionista y adaptativo. Tiene como objetivo la promoción de la seguridad en la infancia y la niñez a través de la relación del niño con una figura de apego, su cuidador primario. El concepto “apego” adquiere entonces componentes sociales, emocionales, cognitivos y conductuales. El apego pasa a ser una propiedad de las relaciones psicosociales donde un sujeto más débil y menos capaz confía en la protección que le brinda otro sujeto, más competente y poderoso. Ambos sujetos desarrollan vínculos emocionales recíprocos “y construyen una representación interna de la relación vincular”. Esta representación mental interna que construyen los infantes es denominada por Bowlby “internal working model” (Brenlla, M.E., Carreras, M.A. y Brizzio, A. (2001): Evaluación de los estilos de apego en adultos. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires. Cátedra M.M. Casullo; http://www.enduc.org.ar/comisfin/ponencia/106-11.doc; Yárnoz, S., Alonso-Arbiol, I., Plazaola, M. y Sainz de Murieta, L.M.: Apego en adultos y percepción de los otros. Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea. Anales de psicología 2001, vol. 17, n°2 (diciembre), 159-170). Así, a través de contactos sucesivos con el mundo exterior y de la consecuente capacidad de respuesta o disponibilidad de las figuras de apego, el niño construye estos “modelos internos activos” del mundo y de las personas significativas dentro de él, incluido él mismo, cada vez más complejos (Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969). Una vez organizados, tienen tendencia a operar de forma automática, es decir, fuera de la conciencia. Además, toda nueva información recibida es asimilada a estos modelos preexistentes. Por estas dos razones, estos modelos tienen tendencia a la estabilidad, aunque pueden ser modificados en determinadas circunstancias (Yárnoz, S., Alonso-Arbiol, I., Plazaola, M. y Sainz de Murieta, L.M.: Apego en adultos y percepción de los otros. Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea. Anales de psicología 2001, vol. 17, n°2 (diciembre), 159-170).
Los modelos internos de trabajo propuestos por Bowlby constituyen un esquema mental donde se depositan las expectativas acerca de los comportamientos de otros hacia el sí mismo, basados en la representación internalizadas de las experiencias de apego pasadas. Este modelo es también un patrón sobre el que se basará la auto-percepción, servirá al sujeto para percibir e interpretar las acciones e intenciones de los demás y para dirigir su conducta, y nos ayudará a entender la estabilidad o inestabilidad del apego romántico en adultos. Cada modelo referido a una relación particular incluye siempre no sólo conceptos o representaciones acerca del si mismo (self) y del otro, sino también expectativas acerca de la relación; así, el niño que recibe respuestas adecuadas a lo largo del tiempo, se ve a sí mismo como seguro, valioso y merecedor de atenciones y de cuidados (en este sentido constituyen una de las bases de la propia identidad y de la autoestima). Estos modelos de vinculación suele mantenerse constante durante toda la vida y trasmitirse de generación en generación (Yárnoz, S., Alonso-Arbiol, I., Plazaola, M. y Sainz de Murieta, L.M.: Apego en adultos y percepción de los otros. Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea. Anales de psicología 2001, vol. 17, n°2 (diciembre), 159-170; Brenlla, M.E., Carreras, M.A. y Brizzio, A.: Evaluación de los estilos de apego en adultos. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, 2001; Oliva Delgado, A. (2004): Estado actual de la teoría del apego. Revista de Psiquiatría y de Psicología del Niño y del Adolescente, 4 (1); 65-81).
Un aspecto clave de estos modelos, que incluyen componentes afectivos y cognitivos, es la noción de quiénes son las figuras de apego, qué se espera de ellas y dónde han de encontrarse. El hecho de que estos modelos deriven de las experiencias de interacción con los cuidadores primarios supone que distintas experiencias llevarán a distintas representaciones mentales. Desde este punto de vista sería posible la existencia de múltiples modelos, si bien lo determinante de la relación con el cuidador es su reacción ante los intentos del niño de buscar su proximidad (Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969). Las posibles respuestas del cuidador pueden clasificarse en tres tipos:
1. Mostrarse sensible a las llamadas del niño y permitir su acceso, que llevaría a un modelo de apego seguro;
2. Mostrarse insensible e impedir el acceso del niño, lo que supondría un modelo de apego inseguro-evitativo;
3. Atender y permitir el acceso del niño de forma imprevisible, sólo en algunas ocasiones, lo que generaría un modelo inseguro-ambivalente.
Los modelos representacionales pueden construirse también en ausencia de interacción con la figura de apego, ya que si el niño llora y pide la proximidad del adulto y éste no está presente, lo importante será la falta de respuesta del cuidador (Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969; Oliva Delgado, A. (2004): Estado actual de la teoría del apego. Revista de Psiquiatría y de Psicología del Niño y del Adolescente, 4 (1); 65-81).
Aunque Bowlby (Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969) admitió que el niño puede llegar a establecer vínculos afectivos con distintas personas, consideraba que los niños estaban predispuestos a vincularse especialmente con una figura principal, y que el apego con esta figura sería diferente cualitativamente del establecido con otras figuras secundarias. Esta monotropía o monotropismo (entendido como la tendencia a tener una jerarquía de preferencias en la que existe un figura central principal de apego) le llevó a considerar que la situación más favorable para el niño era la de establecer un vínculo afectivo principal con la madre, por lo que las situaciones en las que los niños eran criados y atendidos por varias personas no eran las más convenientes (Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969). Como bien recuerda Oliva Delgado (Oliva Delgado, A. (2004): Estado actual de la teoría del apego. Revista de Psiquiatría y de Psicología del Niño y del Adolescente, 4 (1); 65-81), esta primera postura no fue sostenida por Bowlby en escritos posteriores, incluso afirmó haber sido mal interpretado. Tampoco resulta extraño que Bowlby planteará la existencia de la monotropía, ya que la tradición psicoanalítica en la que se había formado Bowlby daba una especial importancia a la relación con la madre; además, las observaciones de los etólogos, en quien basó muchos de sus estudios, parecían confirmarlo.
Si hablamos de “situación más favorable”, no hay duda de que “la situación más favorable para un niño es establecer un vínculo afectivo principal con la madre”, aunque “esta madre” no sea su madre biológica, y aunque se den otros cuidadores cercanos: la existencia de una figura central principal de apego es esencial para el niño. Sabemos que a lo largo de la infancia existe una organización piramidal de las figuras de apego, en la cúspide de las cuales normalmente está la madre; si bien, los niños se apegan también al padre, a los hermanos o a otras figuras, tales como abuelos o profesores. A medida que el niño va creciendo, van tomando importancia figuras externas al grupo familiar, tales como los amigos, compañeros de colegio, hasta que en la edad madura se cierra el círculo, y son los propios hijos los que pasan a ser figuras de apego para el sujeto (Yárnoz, S., Alonso-Arbiol, I., Plazaola, M. y Sainz de Murieta, L. M. (2001): Apego en adultos y percepción de los otros. vol. 17, nº 2 (diciembre), 159-170).
Estos “internal working model” van a tener una profunda influencia sobre las relaciones sociales del sujeto (Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969). Si una persona, durante su infancia, tuvo un apego seguro con sus padres u otras personas significativas que se mostraron sensibles, responsivos y consistentes, en su vida posterior tendrá una actitud básica de confianza en las personas con las que establezca sus relaciones. Por el contrario, si el sujeto tuvo experiencias negativas con sus figuras de apego, tenderá a no esperar nada positivo, estable o gratificante de las relaciones que pueda establecer en su vida adulta. Como siempre, esperará rechazos o falta de respuesta empática.
No obstante, el apego evoluciona, se adapta, cambia, y la persona puede aprender a distribuir su mundo de forma diferente; y si las condiciones son favorables, puede llegar a ser una persona normal: “los internal working model pueden cambiar cuando un individuo logra o construye una interpretación nueva de sus experiencias pasadas, particularmente de aquellas relacionadas con el apego. Para Bowlby algunos aspectos de esos modelos internos, en especial los que no son accesibles a la conciencia, son especialmente resistentes al cambio” (Brenlla, M.E., Carreras, M.A. y Brizzio, A.: Evaluación de los estilos de apego en adultos. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, 2001).
Aunque se reconoce la influencia de las ideas psicoanalíticas en el modelo de representaciones objetales, Bowlby también se vio influenciado en el desarrollo de su teoría por los trabajos del neurobiolólogo Young (Brenlla, M.E., Carreras, M.A. y Brizzio, A.: Evaluación de los estilos de apego en adultos. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, 2001) quien, a su vez, había adoptado algunas propuestas de Kenneth Clark, pionero en estudios de lo que con el tiempo se denominaría “inteligencia artificial”. Clark, dicen Brenlla y colaboradores (2001), sostuvo que los individuos capaces de desarrollar “modelos activadores internos” de sus entornos, aumentan de manera considerable sus probabilidades de sobrevivencia: “la capacidad de construir y usar tales modelos para valorar las diversas consecuencias posibles de acciones alternativas que podemos realizar, permite que nuestros comportamientos sean más flexibles y adaptativos” (Brenlla, M.E., Carreras, M.A. y Brizzio, A.: Evaluación de los estilos de apego en adultos. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, 2001). Debido a que Clark no se dedicaba al estudio de comportamientos infantiles (Brenlla, M.E., Carreras, M.A. y Brizzio, A.: Evaluación de los estilos de apego en adultos. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, 2001), Bowlby se interesó de manera especial en las ideas de Piaget sobre el período sensorio-motriz, para quien las concepciones infantiles sobre los objetos son las resultantes de acciones concretas que los niños realizan al manipularlos. En el mismo sentido, las relaciones reiteradas que los niños tienen con figuras cuidadoras y protectoras constituyen la base de representaciones sobre tales relaciones (internal working model), representaciones que al ser evocadas operan frente a nuevas situaciones de apego. Los modelos activadores internalizados se resisten al cambio gracias a la acción de procesos de asimilación, en el sentido piagetiano del término (Brenlla, M.E., Carreras, M.A. y Brizzio, A.: Evaluación de los estilos de apego en adultos. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, 2001; Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969).
Las investigaciones realizadas sobre la estructura y función de los “internal working model” (Brenlla, M.E., Carreras, M.A. y Brizzio, A.: Evaluación de los estilos de apego en adultos. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, 2001) permiten apreciar cuatro componentes interrelacionados: (1) memorias de las experiencias de apego, (2) creencias, (3) actitudes y (4) expectativas. Los “internal working model” afectan también las reacciones emocionales inmediatas frente a una determinada situación; así, en un momento posterior, el procesamiento cognitivo de la situación puede mantener, ampliar o minimizar la respuesta emocional inicial, dependiendo de cómo el individuo interprete la experiencia.
Por otra parte, varios factores determinan la estabilidad de estos modelos (Brenlla, M.E., Carreras, M.A. y Brizzio, A.: Evaluación de los estilos de apego en adultos. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, 2001):
1. Los individuos tienden a seleccionar los ambientes en los cuales las creencias acerca del si mismo y de los demás son compartidas.
2. Los propios sujetos mantienen los modelos que han construido.
3. Las personas procesan la información de modo tal que sea posible sostener la existencia de sus modelos internos.
La estabilidad de los modelos puede cambiar, o se pone en riesgo, cuando las circunstancias en el entorno son contrarias a los modelos ya existentes. El impacto de cada experiencia negativa dependerá de su duración y del compromiso emocional que signifique para cada uno (Brenlla, M.E., Carreras, M.A. y Brizzio, A.: Evaluación de los estilos de apego en adultos. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, 2001).
Separaciones temporarias
Como habíamos visto, Bowlby y Robertson describieron una secuencia de tres fases en la conducta de los niños de entre 15 y 30 meses de edad, criados por sus madres en forma exclusiva y que por primera vez debían temporalmente separarse de ellas y pasar un período en una institución. Estas tres fases son (Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969; Garelli, J.C. Montuori, E.: Vínculo afectivo materno-filial en la primera infancia y teoría del attachment. Arch. Arg. Pediatr, 1997, vol. 95:122-126; García Losa, E.: Vínculo, ruptura y depresión infantil: de los modelos clásicos al constructo de afectividad negativa. INTERPSIQUIS. 2005):
Fase de protesta
La fase inicial de protesta se inicia poco después de partir la madre y dura desde unas pocas horas hasta una semana, aproximadamente. Durante esta fase, el niño está ansioso, nervioso, excitado, llora intensa, larga y fuertemente, golpea y sacude su cuna, busca a su madre, tiene expectativas de que vuelva pronto, pregunta por ella y se niega a recibir ayuda o consuelo de otras mujeres que se le acerquen, rechazándolas. Cuando mejor es la relación con la madre, mayor es el grado de ansiedad que el niño muestra en esta etapa. La ausencia de la etapa de protesta es indicadora de una relación insatisfactoria previa con la madre.
Fase de desesperación
Durante esta fase su excitación psicomotriz empieza a disminuir, llora con menos intensidad, en forma más monótona, está distante e inactivo y su conducta sugiere desesperanza, empieza a dudar de que su madre vaya a volver. Nada le interesa, no se conecta con el medio que lo rodea y se pasea de acá para allá sin objetivos, como sintiéndose profundamente deprimido.
Fase de desapego
En esta fase desaparece la excitación psicomotriz, el chico deja de llorar y empieza nuevamente a interesarse por el medio que lo rodea; parece como si se estuviera recuperando. Ya no rechaza a las enfermeras u otras personas desconocidas a su cargo: acepta sus cuidados, la comida, y los juguetes que le ofrecen y a veces hasta sonríe y está más sociable. Pero cuando la madre viene a visitarlo se encuentra con un niño cambiado, que parece no reconocerla, se mantiene indiferente, apático y distante. Sin embargo, periódicamente se observan sollozos, ataques de agresividad, no desea compartir sus juguetes con los otros niños y los esconde para que no se los quiten. Si su estadía es suficientemente prolongada, poco a poco puede llegar a perder interés en las personas e interesarse cada vez más en los objetos materiales, juguetes, caramelos y comida. Ya no se ve ansioso frente al cambio de enfermeras, idas y venidas de los padres, ya no le tiene miedo a nadie, ni le importa nadie. Las reacciones de los niños muestran la influencia que la separación de la madre tiene sobre ellos y los mecanismos psicológicos defensivos que se movilizan para sobreponerse a la pérdida.
Se debe tener en cuenta que aunque estas tres fases se observan en todos los casos, su duración e intensidad individual variará según el entono en el que el niño transcurre su período de separación de la madre. Para el niño es muy diferente si queda al cuidado de un pariente conocido, y en su propia casa, que si es trasladado a una institución o un hogar para niños, y lo mismo ocurre con la persona o personas destinadas a su cuidado: resulta mucho más traumático para el niño no contar con una figura estable que lo cuide, tal como sucede en las guarderías y asilos para niños (Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969; Oliva Delgado, A. (2004): Estado actual de la teoría del apego. Revista de Psiquiatría y de Psicología del Niño y del Adolescente, 4 (1); 65-81).
Es de notar que el reencuentro posterior con la madre también muestra a un niño alterado emocionalmente y afectado psicológicamente en su relación con la mamá. Reconciliarse con la mamá después de la separación le llevará un tiempo que dependerá de la duración de la separación y de las características del vínculo que previamente tenía con su madre (Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969).
La activación de conductas de apego depende de la evaluación por parte del niño de un conjunto de señales del entorno que dan como resultado la experiencia subjetiva de seguridad o inseguridad; el experimentar seguridad es el objetivo del sistema de apego, que es, por tanto, primero y por encima de todo, un regulador de la experiencia emocional (Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969; Oliva Delgado, A. (2004): Estado actual de la teoría del apego. Revista de Psiquiatría y de Psicología del Niño y del Adolescente, 4 (1); 65-81).
Kim Bartholomew
Psicóloga canadiense, profesora asociada del Departamento de Psicología de la Universidad Simon Fraser (Vancouver, Canadá), http://www.sfu.ca/psyc/faculty/bartholomew/. Bartholomew ha sido una de las investigadoras que han planteado nuevas formas de medir los patrones de apego romántico en los adultos; en 1990 propuso una conceptualización más elaborada de lo que se ha dado en llamar “orientaciones, patrones o estilos de apego”. A partir de los reiterados intentos de crear escalas para evaluar esos constructos, se arribó a la conclusión de que existen dos dimensiones mayores subyacentes a las mediciones del apego en el adulto: la ansiedad (frente al abandono o el amor insuficiente) y la evitación (de la intimidad y de la expresión emocional) (Bartholomew, K. (1990). Avoidance of intimacy: An attachment perspective. Journal of Social and Personal Relationships, 7, 147-178; Brenlla, M.E., Carreras, M.A. y Brizzio, A.: Evaluación de los estilos de apego en adultos. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, 2001).
A partir de los trabajos de Ainsworth sobre los tres tipos de apego como marco para la organización de las diferencias individuales relacionadas con los pensamientos, sentimientos y comportamientos de los adultos en las relaciones románticas, Bartholomew señala que éstas se pueden organizar en relación con otras dos dimensiones relacionadas con las representaciones de Sí Mismo y Del Otro:
1) “Modelo de sí mismo” positivo (sí mismo merecedor de amor y de atención) versus negativo (sí mismo no merecedor)
2) “Modelo de otros” positivo (los otros son vistos como disponibles y protectores) versus negativo (los otros son poco confiables o rechazantes).