FUNDAMENTOS TEÓRICOS
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Mary D. Salter Ainsworth (1913-1999)
Psicóloga estadounidense nacida en Glendale, Ohio, PhD en psicología del desarrollo en 1939 de la Universidad de Toronto, Canadá. Tras su matrimonio con Leonard Ainsworth en 1950, se trasladó a Londres en donde se unió al equipo de investigación en la Clínica Tavistock de Londres, donde John Bowlby era el director de proyecto. Aquí, Ainsworth se implicó en el proyecto que investigaba los efectos de la separación maternal sobre el desarrollo de la personalidad de los niños. Fue en la Clínica Tavistock donde se planeó conducir unos estudios de campo longitudinales de la interacción madre-hijo a fin de examinar el desarrollo de las relaciones infantiles; esta posibilidad se dio en 1954 cuando ella abandonó la clínica para trasladarse a África (Uganda), lugar donde su esposo había aceptado un cargo en un instituto de investigaciones sociales (http://www.webster.edu/~woolflm/ainsworth.html).

Después de dos años en Uganda, Ainsworth y su esposo se trasladaron a Baltimore, lugar donde éste había encontrado trabajo como psicólogo forense. Los resultados de sus investigaciones en Uganda se hicieron públicos años más tarde, cuando ella se hizo un miembro de facultad en la Universidad Johns Hopkins, lugar donde tuvo grandes problemas con la discriminación sexual. A raíz de un cuadro depresivo tras su separación en 1960, buscó la terapia psicoanalítica, la cual tuvo gran influencia sobre su carrera. En 1998, la Fundación Americana de Psicología le concedió la Medalla de Oro por Contribuciones Científicas y fue co-recipiente del primer Premio de Mentoring en la división de psicología del desarrollo del APA (http://www.webster.edu/~woolflm/ainsworth.html). Considerada con John Bowlby como los grandes pioneros en el desarrollo de la teoría del apego, Ainsworth diseñó una situación experimental para examinar, bajo condiciones de alto estrés, el equilibrio entre las conductas de apego y de exploración, es decir, para observar los modelos internos activos “en acción”; este bien reconocido procedimiento de laboratorio es conocido como la “Situación del Extraño” o “Procedimiento de la Situación Extraña”.

El trabajo de Ainsworth (Ainsworth, M.D. (1967): Infancy in Uganda: Infant care and the growth of love.  Baltimore: Johns Hopkins University Press) ponen bien en claro que entre los niños de la tribu ganda, salvo una pequeña minoría, la conducta afectiva se pone de manifiesto con toda claridad a los 6 meses de vida, como lo demuestra no sólo el llanto del niño cuando la madre sale de la habitación, sino el modo en que la saluda cuando regresa, lleno de sonrisas, con los brazos en alto, y dando grititos de placer (Ainsworth, M.D. (1967): Infancy in Uganda: Infant care and the growth of love.  Baltimore: Johns Hopkins University Press; Bowlby, J. (1993). El Vínculo Afectivo. Barcelona, Paidós). Según las observaciones de Ainsworth, la edad a la que se desarrolla la conducta de apego en los ganda no difiere mayormente de la edad a la que se desarrolla esa conducta entre los niños escoceses, de acuerdo con lo investigado por Schaffer y Emerson (citados por Bowlby, 1993); en este sentido, Bowlby (1993) señala: “ambos informes coinciden de modo notable en otros aspectos; entre ellos, la gran diversidad de edades a las que niños diferentes ponen de manifiesto por primera vez la conducta afectiva (desde antes ce los 4 meses a después de los 12); nunca han de olvidarse las amplias variaciones individuales”.

En sus estudios, Ainsworth advierte que, poco después de que el bebé comienza a gatear, no siempre permanece junto a la madre. Por el contrario, realiza varias incursiones alejándose de ella, busca explorar otros objetos y gentes y, si se le permite, incluso puede alejarse de su campo visual. Pero sus confiadas incursiones llegan a fin abruptamente de darse una de dos condiciones: a) si el niño se siente aterrorizado o es herido, b) si la madre se aleja de su lado. Entonces aquél vuele con la progenitora tan rápido como le sea posible, con signos más o menos evidentes de zozobra, o bien llora desamparado. En niño ganda más pequeño en quien Ainsworth observó esta pauta de conducta contó 28 semanas de vida. Después de los 8 meses la mayoría de ellos la ponía de manifiesto (Bowlby, J. (1993). El Vínculo Afectivo. Barcelona, Paidós).

En su informe sobre los bebés ganda, Ainsworth (Ainsworth, M.D. (1967): Infancy in Uganda: Infant care and the growth of love.  Baltimore: Johns Hopkins University Press) señala que, desde alrededor de los 5 meses, aunque se dan variaciones entre los niños, éste tiende a llorar cuando la madre deja la habitación, incluso si hay alguna otra persona con él. Después de los 9 meses con frecuencia lloran menos, porque entonces les resulta más fácil seguir a la madre (mejor y mayor actividad motriz). Como era de esperar, la frecuencia del llanto no sólo varía de un niño al otro sino también según las condiciones específicas. Por ejemplo, siguiendo a Bowlby (1993), en cualquier hogar puede observarse que la conducta de un pequeño de doce meses ante la partida de su madre depende en gran medida del modo en que ésta se moviliza. Una partida lenta y sin causar alboroto suele despertar pocas protestas, en tanto que en caso contrario el pequeño suele romper a llorar o quejarse a viva voz.

Se distinguen 2 tipos de separaciones parento-filiales: las físicas y las emocionales. Las “separaciones físicas” son aquellas en que por cualquier causa (enfermedad, viaje, muerte) el niño está físicamente separado de sus padres por un tiempo variable (entre 24 horas y varios días). Las “separaciones emocionales” son aquellas en donde puede o no existir separación física, pero se verifican parámetros observables de desconexión psicológica de la madre con el bebé (Garelli, J.C. Montuori, E.: Vínculo afectivo materno-filial en la primera infancia y teoría del attachment. Arch. Arg. Pediatr, 1997, vol. 95:122-126).

Ainsworth (Ainsworth, M.D. (1967): Infancy in Uganda: Infant care and the growth of love.  Baltimore: Johns Hopkins University Press) describe más de 12 tipos diferentes de conductas registradas en los bebés durante su primer año de vida:

1. Interrupción diferencial del llanto cuando se levanta en brazos al bebé
2. Llanto diferencial ante la partida de la madre
3. Sonrisa diferencial ante estímulos visuales
4. Vocalización diferencial
5. Orientación diferencial visopostural
6. Aproximación diferencial
7. Seguimiento diferencial
8. Respuestas de saludo diferenciales
9. Acciones de treparse y de explorar diferenciales
10. Acción diferencial de ocultar el rostro
11. Empleo de la madre como base exploratoria
12. Huida hacia la madre en busca de seguridad
13. Aferramiento diferencial

Al analizar sus resultados, ella resalta que para hacer justicia a los datos obtenidos es preciso utilizar una serie de escalas diferentes, y no simplemente tratar de clasificar a esos niños en un orden linear, según la intensidad de su afecto. En este sentido, un elemento que halla de particular utilidad es el de la seguridad del vínculo afectivo del niño. Por ejemplo, Ainsworth clasifica como “lleno de seguridad” al niño de 1 año que explora con bastante liberta en una situación extraña, utilizando a su madre como “base segura”, que sabe dónde se halla su madre durante su ausencia y que la saluda a su regreso; no importa que la ausencia de la madre le produzca preocupación o que pueda soportar su ausencia, no demasiado prolongada, sin manifestar inquietud. En el extremo opuesto se clasifican los niños “inseguros de sus afectos”: aquellos que no inician una conducta exploratoria incluso cuando la madre se halla presente, que experimentan profunda alarma ante la aparición de un extraño, que se muestran totalmente desorientados e impotentes en ausencia de la madre y que, a su regreso, tal vez no la saludan (Ainsworth, M.D. (1967): Infancy in Uganda: Infant care and the growth of love.  Baltimore: Johns Hopkins University Press; Bowlby, J. (1993). El Vínculo Afectivo. Barcelona, Paidós). Ainsworth suponía que en condiciones normales la conducta del niño pequeño hacia la exploración del mundo externo se veía contrarrestada por el apego que le retenía cerca de la madre. Observó que la madre que era la que les proporcionaba a los niños la seguridad necesaria para poder explorar el mundo externo (Cano de Escoriaza, J.: La sensibilidad parental: elemento importante en el desarrollo del vínculo afectivo. INTERPSIQUIS. 2001).

Ainsworth y otros investigadores (Ainsworth, M.D., Blehar, M.C., Waters, E. y Walls, S. (1978): Patterns of attachment, a psychological study of the strange situation. Hillsdale, NJ: Erlbaum; Bolwby, J. (1988): A secure base. New York: Basic Books) denominaron “fenómeno de base segura” a esta interacción entre el niño y su cuidador y lo postularon como central en la teoría del apego (Brenlla, M.E., Carreras, M.A. y Brizzio, A.: Evaluación de los estilos de apego en adultos. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, 2001).

Después de un estudio ulterior de los datos, Ainsworth (Bowlby, J., 1993. El Vínculo Afectivo. Barcelona, Paidós) llegó a la conclusión de que un indicador particularmente valioso de seguridad podría ser el modo en que el niño responde a la madre a su regreso tras una ausencia muy breve. Sus datos sugieren que un niño seguro pone de manifiesto una secuencia organizada de conductas con corrección de objetivos: después de saludar a la madre y acercarse a ella, busca que lo tomen en brazos, trata de aferrársele o bien permanece muy junto a la progenitora. Las respuestas registradas en otros niños son de dos tipos principales: desinterés por el regreso de la madre, o muestras de zozobra y, quizás, “rabietas”, sin efectuar ningún esfuerzo organizado por llegar a ella. El valor del factor seguridad-inseguridad, puntualizado por Ainsworth, es reafirmado por su descubrimiento de que los niños que en la situación experimental representan casos extremos también difieren ampliamente en su conducta en el seno de sus hogares (Bowlby, J. (1993). El Vínculo Afectivo. Barcelona, Paidós).

Ainsworth enumera una serie de indicadores de conducta materna que, a su entender, contribuyen al desarrollo de un vínculo de afecto caracterizado por su firmeza. Algunos de estos índices son similares a los de Yarrow (citado por Bowlby, J. (1993). El Vínculo Afectivo. Barcelona, Paidós). Su listado incluye:

1. contacto físico frecuente y sostenido entre el bebé y la madre, en especial durante los 6 primeros meses, y habilidad de la madre para apaciguar a un bebé ansioso sosteniéndolo en brazos;
2. sensibilidad de la madre ante las señales del bebé y, en particular, su habilidad para sincronizar sus intervenciones de acuerdo con el ritmo de aquél;
3. ambiente regulado de tal manera que el bebé puede percibir las consecuencias de sus propias acciones.
4. Deleite mutuo. Otra condición que enumera la investigadora, y que tal vez sea tanto el resultado de las citadas anteriormente como condición en sí, es el deleite mutuo que la madre e hijo descubren en su compañía.

Situación del Extraño (Procedimiento de la Situación Extraña)
El estudio de las conductas de apego y de la calidad del vínculo entre madre (o cuidador primario) e hijo se puede realizar a través de la prueba de la “Situación extraña” diseñada por Mary Ainsworth, basándose en que las figuras de apego actúan como sustento de la conducta exploratoria y por tanto las separaciones son seguidas de efectos psicológicos y fisiológicos en el niño; la autora partía de la hipótesis de que el tipo de respuestas que el niño mostraba en estas situaciones de laboratorio era consecuencia del estilo en la interacción madre-hijo en el hogar. Reflejaba en cierta manera, el grado de disponibilidad materna percibida por el hijo y, en consecuencia, la mayor o menor seguridad o inseguridad experimentada por el mismo. Es considerado de gran valor diagnóstico y se usa en la clínica de niños para evaluar la calidad del vínculo entre ellos y sus madres en los primeros años de vida (Cano de Escoriaza, J.: La sensibilidad parental: elemento importante en el desarrollo del vínculo afectivo. INTERPSIQUIS. 2001; Rosas Mundaca, M., Gallardo Rayo, I. y Angulo Díaz, P.: Factores que influyen en el apego y la adaptación de los niños adoptados. http://www.ucrania.galeon.com/apego_adopcion.pdf; Zan, F.: Avances de la investigación “Relación entre vínculo temprano y trastornos psiquiátricos. http://www.enduc.org.ar/comisfin/ponencia/106-11.doc; Garelli, J.C. Montuori, E.: Vínculo afectivo materno-filial en la primera infancia y teoría del attachment. Arch. Arg. Pediatr, 1997, vol. 95:122-126; Oliva Delgado, A. (2004): Estado actual de la teoría del apego. Revista de Psiquiatría y de Psicología del Niño y del Adolescente, 4 (1); 65-81). Aunque la mayoría de observaciones sobre conductas de apego han tenido lugar sobre niños pertenecientes a la cultura occidental, la realización de estudios en otras culturas han cuestionado la validez universal de la Situación del Extraño como procedimiento para evaluar el apego.

La “situación extraña”, original diseñada por Ainsworth, se llevó a cabo en un laboratorio experimental. Ainsworth amuebló una pequeña habitación con tres sillas, dejando un espacio abierto en el medio. Una silla, en uno de los rincones, era para la madre; otra, frente a ella, para una desconocida, y una tercera silla, en el extremo opuesto, se destinaba a sostener una pila de juguetes. Se diseñó la situación de manera tal que fuese lo bastante novedosa como para excitar el interés del niño, pero no lo bastante novedosa como para aterrorizarlo. La entrada de una persona desconocida debía ser lo bastante gradual como para que todo atisbo de temor que pudiese provocar fuese atribuido a la falta de familiaridad del pequeño con ella, y no a una conducta abrupta o alarmante (Ainsworth, M.D., Bell, S. M., Stayton, D. J. (1971) Individual differences in strange situation behavior of one year olds. In H. R. Shaffer, The origins of human social relations. New York: Academic Press.; Cano de Escoriaza, J.: La sensibilidad parental: elemento importante en el desarrollo del vínculo afectivo. INTERPSIQUIS. 2001).

El Procedimiento de la Situación Extraña consta de una serie de episodios experimentales (Ainsworth, M.D., Bell, S. M., Stayton, D. J. (1971) Individual differences in strange situation behavior of one year olds. In H. R. Shaffer, The origins of human social relations. New York: Academic Press.), organizados de manera tal que los menos perturbadores se registraran en primer lugar; se trataba de situaciones de la vida diaria, similares a muchas otras experiencias del bebé. Tanto la madre como la desconocida recibían instrucciones por adelantado sobre los papeles que debían desempeñar. En un episodio preliminar la madre, acompañada de uno de los observadores, llevaba al bebé a la habitación; luego partía el observador. Durante la serie total de episodios, observadores situados detrás de una ventana que permitía la visión en una dirección única registraban la conducta del bebé, la madre y la desconocida. La duración aproximada de cada una de las etapas es de tres minutos aproximadamente (Cano de Escoriaza, J.: La sensibilidad parental: elemento importante en el desarrollo del vínculo afectivo. INTERPSIQUIS. 2001):

Etapa 1 (madre-niño):
La madre y el niño interactúan de una forma natural. Se evalúa la exploración del entorno por parte del niño en presencia de la madre.
Etapa 2 (extraño-madre-niño):
Un extraño entra en la habitación, se sienta silenciosamente durante un minuto, conversa con la madre en el siguiente minuto (pero sin hablar ni dirigirse al niño) y, gradualmente, se aproxima entonces al niño (en este momento, la madre tiene que apartar la mirada de la situación, de manera que no haya contacto ocular con su hijo, ni asentimientos ni interacciones de ningún tipo). Al final del tercer minuto, la madre abandona discretamente la habitación. Se evalúa la respuesta al extraño en presencia de la madre.
Etapa 3 (extraño-niño):
Si el niño está feliz jugando, el extraño no participa. Si el niño está inactivo, el extraño intentará interactuar con él utilizando formas adecuadas como para que el niño se involucre con él. Se evalúa la respuesta del niño a la separación.
Etapa 4 (madre-niño):
La madre entra, se queda parada en la entrada para dar al niño la oportunidad de iniciar una respuesta espontánea hacia ella. La madre se comporta de forma natural, hasta que a los tres minutos se despedirá diciendo “adiós”. Se evalúa la respuesta del niño al reencuentro.
Etapa 5 (niño solo):
El niño se queda solo, a menos que esté tan estresado que la etapa tenga que interrumpirse. Se evalúa la respuesta del niño a la separación.
Etapa 6 (extraño-niño):
El extraño entra y se comporta como en la tercera etapa. Se evalúa la reacción del niño al extraño, después de la separación.
Etapa 7 (madre-niño):
La madre regresa y el extraño se va. Después de observar la reunión, la situación se termina. Se evalúa la respuesta del niño al reencuentro.

Ainsworth y colaboradores (Ainsworth, M.D., Blehar, M. C., Waters, E. y Walls, S. (1978) Patterns of attachment, a psychological study of the strange situation. Hillsdale, NJ: Erlbaum) clasificaron las respuestas conductuales del niño a la situación extraña en cuatro tipos:

1. Apego: el niño permanece pegado a la madre o escondido detrás de ella.
2. Miedo y recelo: llora o se retrae ante la persona extraña; rechaza el juguete que le ofrece.
3. Conducta exploratoria: el niño muestra interés por el objeto que le ofrece la persona desconocida y todavía más por la persona extraña (la interferencia de la conducta exploratoria del niño aumenta su dependencia y falta de autonomía.).
4. Conducta participativa: el niño busca la relación con el extraño con sonrisas, vocalizaciones, aproximación, contacto corporal o cogiendo el objeto que le ofrece esta persona.

En base a estos hallazgos, Ainsworth encontró claras diferencias individuales en el comportamiento de los niños ante esta situación. Estas diferencias le permitieron describir tres patrones conductuales que eran representativos de los distintos tipos de apego establecidos (Oliva Delgado, A. (2004): Estado actual de la teoría del apego. Revista de Psiquiatría y de Psicología del Niño y del Adolescente, 4 (1); 65-81; Rosas Mundaca, M., Gallardo Rayo, I. y Angulo Díaz, P.: Factores que influyen en el apego y la adaptación de los niños adoptados. http://www.ucrania.galeon.com/apego_adopcion.pdf; Zan, F.: Avances de la investigación “Relación entre vínculo temprano y trastornos psiquiátricos. http://www.enduc.org.ar/comisfin/ponencia/106-11.doc; Díaz Atienza, J.: Apego y Psicopatología en la infancia. Facultad de Medicina de Granada. Diciembre – 2003; Brenlla, M.E., Carreras, M.A. y Brizzio, A.: Evaluación de los estilos de apego en adultos. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, 2001; Valdés Sánchez, N. (2002): Consideraciones acerca de los estilos de apego y su repercusión en la práctica clínica. V Congreso Sudamericano de Investigación en Psicoterapia Empírica y III Encuentro Psicoterapéutico, organizado por la Society for Psychotherapy Research, el Comité de Psicoterapia de la Sociedad Chilena de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía, y la Sociedad Chilena de Psicología Clínica. Realizado del 8 al 11 de agosto de 2002: Reñaca, Viña del Mar):

1. Niños de apego seguro
Inmediatamente después de entrar en la sala de juego, estos niños usaban a su madre como una base segura a partir de la que comenzaban a explorar (se muestran seguros mientras permanece la “base de seguridad”). Cuando la madre salía de la habitación, su conducta exploratoria disminuía y se mostraban claramente afectados (presentan ansiedad durante la separación). Su regreso les alegraba claramente y se acercaban a ella buscando el contacto físico durante unos instantes para luego continuar su conducta exploratoria. Existe una confianza por parte del niño hacia sus padres (o figuras parentales), quienes serán accesibles, sensibles a las señales del niño y colaboradores cuando el infante se encuentre en situaciones adversas o amenazantes. Esto le permitirá explorar el mundo con seguridad y confianza. La regulación afectiva es adecuada cuando el niño se recupera fácilmente del estado sobreexcitado de ansiedad, y mantienen una percepción positiva tanto de sí mismos como de los otros, mostrándose bien predispuestos para poder acercarse e involucrarse afectivamente con otros. Se sienten cómodos con la intimidad y la autonomía. El apego seguro se da cuando la persona que cuida demuestra cariño, protección, disponibilidad y atención a las señales de éste. En el dominio interpersonal tienden a ser más cálidas, estables y con relaciones íntimas satisfactorias, y en el intrapersonal suelen ser más positivas, integradas y con perspectivas coherentes de sí mismo. Este modelo ha sido encontrado en un 65-70% de los niños observados en distintas investigaciones realizadas en USA (Oliva Delgado, A. (2004): Estado actual de la teoría del apego. Revista de Psiquiatría y de Psicología del Niño y del Adolescente, 4 (1); 65-81).

2. Niños de apego inseguro-evitativo
Se trataba de niños que se muestran bastante independientes, y desde el primer momento comienzan a explorar e inspeccionar los juguetes, aunque sin utilizar a su madre como base segura, ya que no la miran para comprobar su presencia, sino que la ignoran. Cuando la madre abandona la habitación no parecen verse afectados y tampoco buscan acercarse y contactar físicamente con ella a su regreso (aparentan estar menos ansiosos por la separación). Incluso si su madre buscaba el contacto, ellos rechazan el acercamiento (no demuestran más preferencia por el cuidador que por un extraño). Debido a esta conducta independiente, su conducta en principio puede interpretarse como saludable. Sin embargo, Ainsworth intuyó que se trataba de niños con dificultades emocionales; su desapego era semejante al mostrado por los niños que habían experimentado separaciones dolorosas. Esta conducta se da cuando el cuidador deja de atender constantemente las señales de necesidad de protección del niño, lo que no le permite el desarrollo del sentimiento de confianza que necesita. Se sienten inseguros hacia los demás y esperan ser desplazados sobre la base de las experiencias pasadas de abandono. El niño desconfía de que sus padres le entregarán la ayuda necesaria o requerida por él y tiene la convicción de que en este intento no será apoyado por ellos; así, el niño intenta ser una persona emocionalmente autosuficiente, no buscando el amor ni el apoyo e otras personas. En definitiva, no tolera la distancia de la madre y la proximidad no desactiva las conductas de apego. Las personas evitativas otorgan importancia a la realización personal y la auto-confianza a costa de perder la intimidad con otros. Defensivamente, desvalorizan la importancia de los vínculos afectivos. Estos niños suponen el 20% del total de niños estudiados en USA (Oliva Delgado, A. (2004): Estado actual de la teoría del apego. Revista de Psiquiatría y de Psicología del Niño y del Adolescente, 4 (1); 65-81).

3. Niños de apego inseguro-ambivalente
Estos niños se muestran tan angustiados y preocupados por el paradero de sus madres que apenas exploran. Pasaban un mal rato cuando ésta sale de la habitación y ante su regreso se muestran ambivalentes y oscilantes: vacilaban entre la irritación, la resistencia al contacto, el acercamiento y las conductas de mantenimiento de contacto. Este tipo de apego se da cuando el cuidador está física y emocionalmente disponible sólo en ciertas ocasiones (el cuidado es inconsistente, existe sensibilidad y calidez en algunas ocasiones, y frialdad e insensibilidad en otras), lo que hace al individuo más propenso a la ansiedad de separación y al temor de explorar el mundo. Diversos estudios realizados en distintas culturas también han encontrado relación entre el apego inseguro-ambivalente y la escasa disponibilidad de la madre. No tienen expectativas de confianza respecto a la disponibilidad y respuesta de sus cuidadores, debido a la inconsistencia en las habilidades emocionales. Es evidente un fuerte deseo de intimidad, si bien también tienen una sensación de inseguridad respecto a los demás. Estos niños suponen el 10% del total de niños estudiados en USA (Oliva Delgado, A. (2004): Estado actual de la teoría del apego. Revista de Psiquiatría y de Psicología del Niño y del Adolescente, 4 (1); 65-81).

4. Niños de apego inseguro desorganizado/desorientado
Aunque los tres tipos de apego descritos por Ainsworth han sido los considerados en la mayoría de las investigaciones sobre apego, hoy día también se considera la existencia de un cuarto tipo de apego denominado inseguro desorganizado/desorientado que recoge algunas de las características de los dos grupos de apego inseguro descritos, y que inicialmente eran considerados como inclasificables (Main, M. y Solomon, J. (1986). Discovery of a new, isecure-disorganized/disoriented attachment pattern. En T.B. Brazelton y M. Yogman (Eds.), Affective development in infancy. Norwood, NJ: Ablex.). En este grupo se ubican los niños que muestran la mayor inseguridad. Cuando se reúnen con su madre tras la separación, estos niños muestran una variedad de conductas confusas y contradictorias; así, pueden mirar hacia otro lado mientras son sostenidos por la madre, o se aproximan a ella con una expresión triste y monótona. La mayoría de ellos comunican su desorientación con una expresión de ofuscación; algunos lloran de forma inesperada tras mostrarse tranquilos, o adoptan posturas rígidas y extrañas o movimientos estereotipados (inmovilización, golpeteo con las manos, golpeteo con la cabeza, deseo de escapar de la situación aún en presencia de los cuidadores), y conductas aparentemente no dirigidas hacia un fin, dando la impresión de desorganización y desorientación. Se considera que para tales niños el cuidador ha servido como una fuente tanto de temor como de reaseguramiento, consecuencia de lo cual la activación del sistema conductual del apego produce intensas motivaciones conflictivas. No es de extrañar que una historia de severa desatención o de abuso sexual o físico esté asociada a menudo con este patrón.